Cultura de Paz, Historias Cotidianas

No estaba en mis planes

Margarita Lignan Camarena

Y pensar que una vez consideré: “si tan solo pudiera cambiar… ese detalle”.

 

Cuando conocí a Rubén me encantó su caballerosidad, además, me pareció tan simpático, ¿sabes?, tiene como una chispa especial para ver la vida, de todo inventaba un chiste y a mí, me sacaba una sonrisa.

 

Nos presentó una amiga de la oficina, me comentó que él recién se había separado y que la había pasado muy mal con su divorcio; mi amiga, que se llama Laura, me contó que la ex esposa de Rubén le caía mal porque era muy frívola, siempre andaba en desayunos con amigas, comprando cosas y sólo trabajaba a veces, en pequeños proyectos que de vez en cuando le llegaban, sin preocuparse demasiado por el dinero “al fin Rubén la mantenía”.

 

Conforme más lo iba conociendo no comprendía cómo ella pudo echar a perder una relación con un hombre tan maravilloso, pero eso sí, me sentí muy afortunada de habernos encontrado.

 

Por supuesto, le pregunté por su relación anterior, quería saber si aún había algo entre ellos de lo que yo debiera preocuparme. Él me dijo que ya no había nada, que se sentía liberado del mal carácter de su ex, pues ella nunca estaba conforme con nada y solo reclamaba y reclamaba.

 

Yo no soy como ella, pensé, yo trabajo, gano mi dinero, soy alegre, sociable; el pobre no tendrá que sufrir más, conmigo tendrá una relación “de verdad”; así que comenzamos a planear la boda, qué importaba que fuera divorciado si ya lo había superado.

 

A veces me enojaba que tuviera tanto trabajo y no pudiera pasar conmigo los fines de semana, me chocaba que se saliera a la calle para hablar por teléfono, pero pensé que tampoco tendría por qué ser perfecto, así era él con sus cosas “de trabajo”, muy quisquilloso.

 

Pasaron un par de meses de que comenzamos a planear la boda para que por fin me contara que sí había algo, más bien alguien que lo unía a su pasado. Ellos tienen un hijo.

 

Lo primero que sentí es que me arrebataron todos mis planes, así que me dije que sólo era un tropiezo en nuestra relación, que podría superarlo, pero no, no puedo, me es tan difícil aceptarlo; rezongué y rezongué, lloré, grité y supliqué al universo que no fuera cierto, me sentí tan violentada, tan profundamente herida. Me repetía una y otra vez que todo sería perfecto, que yo podría haber formado una hermosa familia con un hombre maravilloso si “tan solo”, él no tuviera un hijo.

 

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¿Sabes qué se me olvidó?… Olvidé, o no quise recordar, que todas las historias tienen dos versiones, que un matrimonio se construye y se destruye con dos personas, no hay víctimas ni victimarios, hay aciertos y desaciertos, responsabilidades y errores.

 

Entonces me escuché achacándole a un niño, que ni conocía, mi infelicidad, me escuché justificando a un hombre que decidió no asumir su responsabilidad e incluso, ocultar a su hijo como si fuera un problema o un error, ¿cómo un hombre así podría ser un buen padre para los míos?

 

 

Hace unos días alguien me contó que Laura, su ex mujer, puso una papelería con dinero que le prestó su papá, porque Rubén desapareció en busca de alguien que hiciera menos preguntas que yo, para “reescribir su historia”.

 

Tuve que cambiar todos mis planes, suspender la boda, regresar los regalos y las felicitaciones, lidiar con el dolor y la decepción, reestructurarme, sanarme; pero finalmente algo bello y cálido que habita dentro de mí, no sé si mi alma o mi intuición me llevó a ver y a aceptar que la dicha verdadera nunca puede construirse en la obscuridad.

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Igualito a tu padre

Margarita Lignan Camarena

Me miro en el espejo atentamente y no sé lo que veo, porque no conozco al hombre a quien dicen que me parezco. Cuando mi padre desapareció, mi madre trató de borrar toda la evidencia de su paso por la familia; sólo quedaron algunas fotos perdidas en cajones, tan planas como mis recuerdos… Sí, ahí estaba él, parado junto a mí, muy serios los dos frente a una resbaladilla en algún jardín; yo habré tenido unos dos años.

 

Recuerdo lo que me dicen de él, me lo sé como una historia leída muchas veces; pero no como algo guardado en la experiencia, no tengo memoria de mis sentimientos en esas fotos, del clima, de los aromas, de los sonidos.

 

Hoy que tengo 35, reconozco en la imagen de ese hombre una nariz bastante similar a la mía, el cabello… no lo sé, yo ya casi no tengo y se ve que él si tenía; no nos parecemos tanto en los labios exactamente, sino el gesto de la boca, en la mueca como de media sonrisa.

 

Fui un niño muy travieso, bueno, más bien diría “rebeldón” ja ja ja. Nunca me gustó la escuela, la forma en que daban las clases me parecía aburrida, yo soy más de experimentar en carne propia que de sentarme a memorizar y a escribir respuestas precisas; pero algunas maestras consideraron que yo no aprendería nunca, que sería inútil para valerme por mí mismo y que incluso podría acabar en delincuente por no resignarme a seguir instrucciones, ¡vaya cosas que se les ocurrían!

 

Mi mamá se llenaba de miedo y, hay que decirlo claramente, de rabia, ante tantos reclamos escolares que la hacían sentir calificada como una “mala madre”. – ¡Es que eres un irresponsable, igualito a tu padre, pues de qué otro modo ibas a salir!

 

Cuando tenía unos 10 años la pereza por bañarme se apoderó de mí de tal manera que se hizo extensiva, tampoco me cepillaba los dientes ni levantaba mi cuarto; pero eso sí, me volví muy ingenioso (según yo) para evadir todos mis deberes. Me mojaba sólo la cabeza y me rociaba de aromatizante para aparentar que me había bañado y si mi mamá tocaba a la puerta, rápidamente echaba todo mi reguero debajo de la cama según yo para desaparecerlo; pero ella ya se la sabía. –– ¡Eres un mentiroso igual que tu padre!, ¡nunca nadie va a confiar en ti!

 

Por supuesto que al llegar la adolescencia las cosas se pusieron aún más rudas, tuve algunas novias, todas a escondidas porque ya estaba harto de las opiniones de mi mamá, pero desde luego que también se dio cuenta. – ¡Vas de chica en chica, nomás haciéndoles perder su tiempo!, ¡segurito que nomás las dejas vestidas y alborotadas!… ¡Igualito a tu padre caray!

 

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Por las frases, sé que lo que más le dolió a mi madre fue la infidelidad, que él no le diera el reconocimiento que siempre esperó; eran tanta su rabia y su dolor, que nunca alcanzó a ver que yo también lo había perdido, que a mí también me había dejado y que yo, “tan parecido a él”, nunca podría darle todo lo que le estaba faltando.

 

No sé quién es ese hombre al que supuestamente me parezco, a veces, cuando cometo errores, no sé si son suyos o míos, y cuando acierto, dudo que haya sido por mis propios méritos.

 

Hoy tengo un pequeño hijo, tiene 5 años, reconozco en él la sonrisa de su madre y a veces intento verme en él, casi con miedo, te lo he de confesar. Miranda, mi esposa, dijo un día muy contenta en una reunión – Frunce el entrecejo igualito a su papá – Yo sonreí, orgulloso como pavorreal, pero cariñosamente me atreví a corregirla. –No lo creo, su forma de fruncir el ceño es única y ¡me encanta como lo hace, es genial!

 

 

Supongo que hay hijos orgullosos de parecerse a su papá y yo desde luego quiero que mi hijo sea de esos. No sé si yo realmente me parezco al mío, lo que sí sé es que gracias a su ausencia he trabajado mucho en mí mismo para ser un buen papá.

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La calesa

Margarita Lignan Camarena

Acá en Yucatán dicen que estamos en un semáforo naranja que parece verde, veo que poco a poco la gente vuelve a sus actividades, a tomar su agua de chaya en el parque, a visitar a los compadres; claro con tapabocas y gel anti bacterial en mano; pero también noto que hay mucha gente enojada por todos lados, eso sí, es de entenderse, porque se han perdido empleos, negocios y peor aún, vidas.

 

He estado vuelta y vuelta en mi cabeza preguntándome ¿cómo volver?, al leer las noticias, parece que los gobiernos del mundo tampoco saben cómo; quizá esta vez no hay instructivos, ni siquiera un chamán que nos dirija, nadie que haya dado en el blanco y pueda bien confiado decirnos como hacerlo; así que cada uno va haciendo lo que se le ocurre. Para mí es muy claro que es tiempo de hacerlo diferente, de inventarnos un nuevo camino entre todos.

 

Con la cuarentena he extrañado mucho a mi gente, a mi familia, a mis amigos y por supuesto a mi chichí…Bueno, nos hemos reunido virtualmente, pero ¿sabes?, la energía no es la misma; tomamos fotos a la pantalla y nos vemos agüitados, aunque he de confesarte que me encanta observar por las pequeñas ventanitas de las cámaras encendidas un pedacito del mundo de cada uno: su hamaca en el fondo, una campanilla azul crecida, el jarrito con agua y hasta la guitarra recargada; aunque claro, también hay quien mantiene su cámara apagada y yo de primer momento siento que me cierran la puerta, pero también comprendo que hay que respetar.

 

He salido muy poco, a la compra, a la farmacia, a simplemente caminar y respirar otro aire, pero donde quiera hay accidentes viales, impaciencia para guardar la sana distancia, personas que no usan tapabocas, gente malhumorada.

 

Tras tanto encierro, quiero que mi nueva normalidad sea mucho más cálida, más amable y segura; así que inventé un proyecto que espero que contagie a mucha gente, se llama “La calesa”, en honor a esos hermosos coches en que a todos nos gusta pasear; la idea es que todos nos sintamos motivados a participar, como en día de fiesta, porque la verdad es que en comunidad hacemos mucho más, por ejemplo, yo me siento mucho más motivada para hacer ejercicio cuando estoy en grupo que ahora que he tenido que hacerlo sola en casa.

 

La calesa” es un club de lectura, por ahora nos reunimos virtualmente, pero espero pronto hacerlo en un lindo café al aire libre o compartiendo nuestras casas, hay muchas bellas historias escritas por grandes autores que me han motivado a crecer; a conocer otras costumbres y a pensar diferente, por eso quise compartirlas y descubrir otras nuevas.

 

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Otra buena idea que me vino a la mente es que la contraparte de la agresividad es la generosidad, así que en “La calesa” además de leer, participamos en algún proyecto altruista, cada quien da una idea de un lugar en el que podamos colaborar, sobre todo con acciones, porque la verdad dinero no tenemos mucho, pero sí te puedo decir que lo poco que hemos hecho ha sido muy enriquecedor, conseguimos por ejemplo en donación unas máquinas de coser viejitas pero servibles y se las llevamos a las personas mayores del asilo, ellos están haciendo tapabocas y bolsas para el mandado; así van teniendo un poco de recursos y se motivan cada mañana a levantarse sintiéndose productivos; además quiero contarte que dos jóvenes de “La calesa” les hicieron una página web y les ayudan a venderlos.

 

La generosidad es un lindo regalo no sólo para quien recibe, sino también para el que aprende a dar sin ser retribuido, por el puro gusto pues, eso va transformando el enojo con los otros en empatía y paciencia, además nos baja la ansiedad porque implica dejar un poco nuestras aceleradas vidas y tener tiempo para otros.

El lema de “La calesa” es “Leer, creer, crear”, pues la lectura que nos ha reunido como amigos, también nos está llevando a la acción social.

 

Estamos tan contentos que esperamos contagiar a mucha gente que se reúnan con cualquier motivo, virtual o presencialmente, para hacer de esta “nueva normalidad” un espacio mucho más amable, menos acelerado, libre de violencia, respetuoso de las distintas formas en que habremos de volver, pero sobre todo, muy pero muy disfrutable.

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Como el rebozo mexicano

Margarita Lignan Camarena

Presuntuosos en las fiestas caminan los rebozos, unos de lana, otros de seda, de hilo o de algodón. Algunos acunan a los niños, otros protegen del frío a los mayores; saben acurrucar el llanto y también danzar con la alegría; otros simplemente se lucen y seducen. Todos se enorgullecen de ser mexicanos.

 

Hay muchas formas de hacer un rebozo, pero mi abuela me enseñó que para que nazcan, lo primero es devanar los hilos, hacer que la fibra, es decir, su esencia, ceda; hay que domarla y ponerla en el carrete, “igual que los niños mijita, cada uno trae lo suyo, pero o se ajustan o se ajustan, si no, no agarran buena forma”.

 

Los hilos pueden alcanzar muchos tonos y colores dependiendo del teñido, ya sea que hayan sido hervidos entre flores y hierbas o con tinturas de otros lados, si vienen libres o anudados, si son porosos o rígidos, metálicos o suaves. Igual que las personas, todos son distintos, pero inevitablemente se reúnen en el urdido, donde si quieren ser rebozo, habrán de ser de un largo igual y luego acomodarse muy juntitos en el rastrillo.

 

El tejedor o tejedora se vuelve uno con el telar, se sientan juntos por horas formando entramados; de pronto, algún hilo se anuda o se rebela y hay que ajustarlo, porque ese uno que no jala parejo, puede arruinar el rebozo.

 

En el telar comparten mañanas de café y tardes de lluvia, escuchan chistes colorados y lamentos de los tejedores, los hilos se ajustan a la tensión que marca el mecapal, según se compartan historias de corazones rotos, confesiones o juramentos, los bastones separan las diferencias que la espada va uniformando.

 

Cada vez son menos una variedad de hilos y son más rebozo, sólo les falta el enjutado, las últimas puntas son amarradas formando trenzas, flores, calados, grecas que simulan olas o pequeños rombos parecidos a diamantes.

 

El rebozo está listo para abrazar nuestras diferencias, aunque nosotros a veces seamos hilos que no queremos juntarnos, porque según lo vemos, no es lo mismo algodón que seda, ni blanco perla que verde limón.

 

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Nos decimos que hay de mexicanos a mexicanos, los inteligentes y los no tanto, los blancos, los morenos y los apiñonados; los del Sur y los del Norte que no son los mismos, como tampoco lo son los de la ciudad y los de rancho; todos con valores distintos, a veces nos parece que no hay forma de crecer unidos.

 

Marcamos enfáticamente nuestras diferencias, las asimilamos como algo malo, como irreconciliables, incluso como un estorbo, que lejos de hacernos brillar, nos termina opacando.

 

México es uno de los países más desiguales de América Latina, este es un fenómeno complejo que se alimenta con la discriminación étnica, de género y de lugar de residencia, entre otros. Se manifiesta en condiciones, niveles y esperanzas de vida fuertemente diferenciados entre personas y comunidades que experimentan dolorosas distancias en sus condiciones laborales, educativas y de acceso a la vivienda o a la salud.

Ojalá pudiéramos ser más como el rebozo mexicano, desde luego lucirnos en las fiestas patrias, pero también aprender a abrazar, a abrigar y a proteger; pero sobre todo, reconocer que nuestra belleza y nuestra fortaleza están en el tejido, en el entramado de diferencias que somos, y que aunque podemos ser hilos de mucha calidad… No es lo mismo hilo que rebozo,

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“Sabor a México”

Margarita Lignan Camarena

Apenas suena el “Son de la negra” y sus pies lo arrojan de donde esté sentado para buscar un espacio donde zapatear.

 

Desde que vio “Los tres García” con su abuelita, le encantó el elegante garbo de Pedro Infante con su traje de charro: el pantalón negro ajustado, la herrería de plata, los bordados, el moño; pero sobre todo, el magnífico sombrero que con tanta coquetería se sabía poner y quitar.

 

Aquel fue un México que Emilio no conoció; sin embargo, a sus 16 años, está seguro de que mucho de eso se puede rescatar. Su abue Licha le dice que así como hay tres charros del cine de oro, también hay tres valores que nunca debe olvidar, porque son llaves que abren puertas: ser acomedido, prudente y paciente, la primera vez que se los explicó, la verdad, no les entendió mucho.

 

Un jueves regresando de la escuela, intentó cantar “Ay Jalisco, no te rajes”, se paró frente a la tele con el video versión karaoke, e impostó la voz todo lo mejor que pudo, pero la verdad es que el “vibrato” le salió más parecido al del Gallo Claudio que al de Jorge Negrete; entonces decidió que mejor sería bailarín.

 

Se inscribió en la Casa de cultura a clases de baile regional, lo recibieron casi con fanfarrias, pues era raro que llegara un varón al grupo. Emilio rápidamente y con mucha destreza aprendió a hacer punteados, muelleos, giros y huachapeos, y entre vuelos de faldas de colores, un día se enamoró.

 

Hortensia le pareció chulísima, risueña, alegre, gentil; así que un día le trajo una flor, otro día un oso de peluche, luego unos chocolates y finalmente una nota que decía “¿Quieres ser mi novia?” Ella se tardó varios días en responder, pero cuando por fin lo hizo, la sorpresa de Emilio fue grande.

 

-Oye, pero yo tengo una duda… ¿qué no eres gay?

-¡¿Gay?!… ¡Wow!, no sé ni qué responderte…¿Por qué piensas eso?

-Mi mamá dice que todos los bailarines hombres lo son.

-¿Tu mamá dice eso?… Bueno, ¿y tú qué dices?

-Que mi mamá tiene razón.

Emilio tiene un hermano mayor que es ingeniero agrónomo, se llama Adrián y vive con Toño, su pareja; en cambio a Emilio siempre, siempre, le gustaron las niñas. No le cabía en la cabeza que el simple hecho de bailar pudiera poner en duda sus preferencias.

  

Como andaba que no lo calentaba ni el Sol, fue con su abue por un consejo.

 

-Es que no es justo, me dan ganas de irle a decir sus cosas a esa señora; mira, si yo fuera gay no tendría nada de malo, pero simplemente no lo soy; pareciera que si uno se dedica al arte ya va ese de cajón, pero no es un estereotipo. Ya te digo, esa señora me va a escuchar, ¿qué ella se cree que es tan perfecta o qué?, ¡le voy a gritar a la cara sus defectos, es una metiche!

 

-¿Recuerdas lo que te he dicho?: hay que ser acomedido, prudente y paciente; ¡esas son llaves que abren puertas mijito!, no se necesita pelear con cada persona que te encuentras para demostrar que no eres lo que piensan.

 

-Pero yo soy alguien sincero y no me voy a callar lo que pienso, eso sería hipocresía.

 

-Claro que no, eso sería prudencia, es un valor más alto aún que la sinceridad; eso de ir por la vida diciéndole sus verdades a todo mundo, puede lastimar al que no está preparado para escucharlas. No se trata de ser falso o hipócrita, sino prudente, claro que hay que decir la verdad, pero cuando es adecuado decirla, sino es mejor callar. ¿Te has fijado que a veces agredimos a los demás con el pretexto de decir verdades?

 

-Pue´ que tengas razón, mejor voy a ignorar a esa señora; por su culpa Hortensia no va a andar nunca conmigo.

 

-Entonces ten paciencia, ya reflexionará o ya llegará a tu vida otra chica que te guste y que piense diferente, una que no esté atada a las faldas y a las ideas de su mamá; para eso necesitas paciencia. Hay que entender que no por pedir las cosas se nos dan; de ese modo nomás nos desesperamos; pero ojo, paciencia no es pereza; tú trabájale, esmérate en ser una mejor persona cada día y las cosas buenas que han de llegarte, seguro llegarán.

 

-Lo que sí te digo abuelita, es que ahora que sea 15 de septiembre y tengamos las presentaciones de todos los bailes de las fiestas, yo no les voy a ayudar; porque eso sí, como sólo somos tres chicos, nos ponen a cargar de todo, para eso sí somos buenos ¿no?… que las luces, los vestidos; bueno… hasta tablas para el zapateado cuando hace falta.

 

-Tú sé acomedido siempre, ¿sabes qué significa esa palabra?, que siempre estés dispuesto a ayudar en todo lo que puedas, aunque no te lo pidan, la gente útil siempre encuentra lugar en el mundo; verás como la gente te valorará sinceramente y tú te vas a sentir mucho más satisfecho que si andas nomás de peleonero.

 

Lichita lo apapachó con un chocolate de metate caliente y juntos escucharon canciones viejas como aquella que dice “cariño que tú me has dado sin merecerlo, cariño que tú me has dado sin interés…”

 

Con el corazón medio amedrentado y la pasión por la danza dentro, los zapateados de Emilio, a pesar de que últimamente han estado desganados, han sido persistentes; cada día va a su clase de baile, aunque las chicas murmuren y sus madres le sonrían extraño. Estas semanas Emilio ha bailado enojado, triste, desganado y distraído; pero ha bailado, siempre baila, y cada vez que el ímpetu del enojo le gana, recuerda el consejo de las tres llaves de Lichita.

 

Él definitivamente quiere abrirse puertas, representar al México tradicional en todos lados; pero sobre todo como dice su abue, lo que más quiere es vivir orgulloso de sí mismo y contento.

 

¿Qué otros clichés o estereotipos  conoces en torno al arte?, ¿cómo crees que podamos liberarnos de ellos?

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No silbar, no insultar y no manosear

Esta vez nos tocó clase virtual de Estadística; y como es jueves, toca de 8 a 10 de la noche. Pese a que ya llevo un año cursando la carrera en el turno vespertino, aún no termino por agarrarle el gusto a los horarios, sobre todo porque ya salimos tarde y la inseguridad cada vez está peor. Pero bueno, ahora lo que importa es sacar el semestre adelante.

 

Para variar, ya hace algunos meses que mi compu se descompuso, y siento que en mi cel no funciona bien esto del Zoom y el Google Meet, por lo que tengo que acudir a un café internet cuando toca clase virtual. Esto no me agrada del todo, ya que la clase termina casi a las 10 en punto y cuando regreso a casa, siempre me encuentro a un grupito de chavos que se me quedan viendo y me dicen cosas.

 

La verdad, este tipo de situaciones me incomodan bastante, pero no vale la pena que aquí repita las vulgaridades que dicen hacia mi persona.

 

Conforme pasa el tiempo, las agresiones verbales de esos chavos van subiendo cada vez más de tono y me preocupa que pueda escalar a un nível mayor de violencia.

Ante esta situación, decidí averiguar qué podía hacer respecto a ello; y encontré que se trata de violencia comunitaria, y una de sus expresiones es la violencia sexual. Al darme cuenta de esto me sorpendí bastante ya que descubrí que la violencia sexual abarca actos que van desde el acoso verbal, hasta actos sexuales en contra de la voluntad.

 

Investigando un poco más a fondo, encontré en el portal de que ante la emergencia sanitaria por Covid 19 y el confinamiento obligado, se ha generado un aumento de la violencia doméstica y violencia de género, tanto en los hogares, como en los espacios públicos donde se desenvuelven las mujeres. Esto refleja que las mujeres y niñas que ya viven en situación de abuso, están más expuestas a un mayor control y restricciones por parte de sus agresores.

 

Luego de conocer un poco más sobre este tema, identifiqué que algunas de las afectaciones por este tipo de violencia son:

 

Afectaciones emocionales

 

  • Desconfianza
  • Miedo
  • Vergüenza
  • Ansiedad
  • Depresión
  • Auto agresión

 

Afectaciones físicas:

 

  • Embarazos no deseados
  • Heridas en áreas genitales
  • Infecciones de transmisión sexual
  • Desordenes alimenticios
  • Alteración del
  • sueño

 

Como te darás cuenta, la violencia sexual puede provocar severas afectaciones en las mujeres.

 

Espero esta información sea de mucha ayuda, ya que todos podemos contribuir a construir espacios seguros para las mujeres.

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Dos tazas de café

Margarita Lignan Camarena

La taza azul

 

Mientras más días de pandemia se acumulan, más trabajo le cuesta a Ana levantarse; pero no hay de otra, ella sostiene a una familia porque el que era su marido se fue, quién sabe a dónde, quién sabe con quién y según lo que reporta el buen hombre, cuando de pronto da señales de seguir en este mundo, “tiene mala suerte”, así le llama él a no durar en los trabajos y tardar muchísimo en encontrar el siguiente; por eso no puede pagar las cuentas, dice, no porque sea irresponsable.

 

Ana está a cargo de sus tres chiquillos; lo difícil cada mañana es levantarse, pero una vez que lo logra, tras un duchazo de agua fría, organiza a la familia para que su hijo mayor prepare el desayuno, mientras ella le entrega a cada uno su pequeña lista de tareas domésticas para hacer después de las clases en línea y la tarea; de este modo, los mantiene “sin dar lata”, pero sobre todo, a ella le gusta pensar que los está enseñando a ser autosuficientes.

 

Luego se enfoca en sus trabajos, tiene varios; ella definitivamente no puede tener “mala suerte”, así que se puso creativa y trabaja llenando pólizas para una agencia de seguros, ese es su empleo principal, pero también vende artículos para el hogar por catálogo y en eso ha ido progresando, hasta es coordinadora de un pequeño grupo de señoras que también venden, pero cada dos semanas ella debe reunir y enviar los pedidos de todas…Ah, también hace flanes, resultó que le quedan muy buenos y de sabores muy variados: café, chocolate, coco, rompope y por supuesto, el tradicional de vainilla; como ahora la gente quiere comer menos harina, ha tenido varios pedidos afortunadamente.

 

Lo difícil es que entre la renta, los gastos de luz, agua, gas, internet y teléfono, que no han bajado sus costos durante la pandemia, sino que se han incrementado al ser la casa también escuela y oficina; además del otro gran gasto que es la despensa que, para no salir tanto, hay que hacerla de mayoreo, el dinero simplemente no alcanza.

 

Pensó en hablar con su jefe, el de la agencia de seguros, para pedirle que le regrese su sueldo anterior; la verdad dudó, tenía miedo, pues no quiere hacerlo enojar porque ella no puede perder el empleo y mucho menos en este momento; pero la realidad es que le está pagando la mitad y ella está trabajando el doble, además le ha dado por llamarla a toda hora para encargarle más y más cosas, por lo que acaba haciendo sus flanes y el llenado de sus pedidos de las ventas los domingos en la noche; de hecho, se sentía tan insegura pero tan necesitada de hacerlo a la vez, que hasta vio un video de coaching laboral titulado “Las 5 estrategias infalibles para negociar un aumento de sueldo”, y las anotó en una hoja amarilla para tenerlas bien claras y a la vista cuando hiciera la llamada.

 

Puso una película para los niños y les pidió que no salieran del cuarto, porque tenía que hacer una llamada importantísima y no podían estarla interrumpiendo. Fue por su taza azul, la que le regaló David, el menor de sus hijos, el 10 de mayo; le encanta porque tiene la frase “El camino al éxito es la actitud” y corazones en tonos de lila alrededor. Se sirvió su café con leche, que siempre la tranquiliza y que además le humedece la garganta cuando se le atora la voz al hablar. Respiró profundo y marcó el número de su jefe, con el corazón palpitándole tan fuerte, que dudó si del otro lado de la bocina se podría escuchar.

 

La taza marrón

 

Julio montó su franquicia de seguros hace ya 10 años y ni en las peores épocas le fue tan mal como ahora; vaya, ni siquiera el seguro de los carros, que es obligatorio, lo están pagando. Al parecer con la pandemia la gente está aterrada, no saben cuánto va a durar esto y se están reservando el dinero; eso es un problemón porque él tiene que pagar la mensualidad de la franquicia, además de los servicios de la oficina que ahora no se ocupa, y por supuesto la nómina. Aunque tiene unos ahorros, esos no son para solventar fracasos; el dinero para el negocio obviamente tiene que salir del mismo negocio, no reducir su patrimonio.

 

Como primera medida cuando anunciaron la pandemia, redujo la nómina a la mitad, pero la cuarentena se ha extendido tanto, que al parecer ya ni ese plan es viable. Se siente enojado, angustiado, presionado y la verdad es que considera que los empleados luego no valoran el  esfuerzo que él hace para que conserven su trabajo; con eso de que ahora están de home office, seguro se hacen “güajes” mucho tiempo y no se están apurando a sacar la chamba; sólo a él le dejan toda la carga de sacar adelante el negocio, porque a la gente se le hace muy cómodo recibir su sueldo y ya.

 

No había querido, porque a él le gusta ser ético y noble, pero como a esto no se le ve el fin, tendrá que reducir a la gente para bajar el costo del pago de salarios, que va pegado al pago de seguridad social y que ya casi toca sus ahorros, hechos con años de trabajo y  sacrificio.

 

Le parece una decisión sumamente difícil, pero en definitiva, esto ya es insostenible. Comenzará por hablar con Ana porque entre comentario y comentario se ha estado quejando mucho del salario y de la carga de trabajo; la verdad es que hay mucha gente necesitando chamba ahora y seguro alguien tomará la de ella por la mitad de lo que se le está pagando. Por otro lado, le da confianza que con ella no siente tanto compromiso, pues al parecer, Ana tiene otras entradas.

 

Ni modo, así es esto de los negocios, las cosas están muy rudas y hay que ver primero por el patrimonio de la familia. Julio pide que le traigan un café cargado, en su taza marrón, la que tiene el logo de la aseguradora, las otras tazas no le gustan tanto porque son muy pequeñas y abiertas, y así el café se enfría demasiado rápido.

 

– Vaya, cómo es la cosa de la energía- Piensa Julio, estamos todos conectados. – Buen día Ana, justo estaba por llamarte, tengo algo importante que hablar contigo.

 

Toda moneda tiene dos caras, y dicen que la vida es una moneda lanzada al aire; tenemos realidades y motivaciones distintas, que en determinado punto coinciden e interactúan; sin embargo, omitimos dichas convergencias y solemos ver “la realidad” sólo desde el ángulo en dónde estamos parados.

 

En toda negociación debe haber un ejercicio de reflexión y empatía,en el que consideremos la realidad del “otro”, aunque no nos pertenezca, con el fin de dialogar y exponer nuestras inquietudes y necesidades para lograr un bienestar mutuo.

 

¿Tú cómo resolverías el problema entre Julio y Ana?, ¿qué crees que cada uno de ellos pueda hacer?, ¿cuál sería un buen acuerdo para ambos?

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Maltrato en la vejez, una realidad silenciosa

Doña Laura cada vez se ve más cansada; yo la conozco desde que era niño y recuerdo que siempre fue una señora muy movida. Siempre estaba atenta a que a sus dos hijos y a su esposo, no les faltara nada.

 

No perdía detalle sobre los estudios de Julián y Roberto –sus hijos-, además de que todas las tardes sacaba su puesto de quesadillas para generar un ingreso extra a su hogar.

 

Luego de algunos años, doña Laura perdió a su esposo, y sus dos hijos formaron sus respectivas familias, por lo que comenzó a vivir sola en su departamento. Al principio todo seguía normal para doña Laura, pero con el paso del tiempo, las visitas de sus hijos comenzaron a ser cada vez más esporádicas.

 

Cuando bien le iba, sus hijos la visitaban una vez al mes, y solo en su cumpleaños se reunía toda su famila para festejarla.

 

Actualmente doña Laura tiene 76 años, y debido a su edad, ya hace algún tiempo que dejó su puesto de quesadillas y ahora solventa sus gastos con el dinerito que le dan Julián y Roberto cuando la van a visitar.

 

Ahora con esto de la pandemia, doña Laura no se ha asomado para nada al edificio, y esto me causó preocupación, por lo que fui a tocar a su departamento para saber si necesita algo y si se encuentra bien.

 

Instantes después de tocar la puerta del departamento 7, doña Laura abrió. Ella me invitaba a pasar, pero preferí mantener la sana distancia para evitar un posible contagio del virus.

 

Luego de varios minutos de platica, doña Laura me comentó que en los ya casi tres meses de confinamiento, sus hijos no la habían visitado, y a lo mucho le habían llamado en dos ocasiones. Situación que la ponía muy triste ya que la hacía sentirse abandonada.

 

Ante tal situación, yo me ofrecí para ayudarla en lo que necesitara. Cada vez que iba al súper la llamaba por teléfono para saber si requería comprar algo de comida o cualquier otra cosa. E incluso, amarré un cordón a una campana para que doña Laura nos hiciera saber si necesitaba apoyo con algo en su departamento.

 

Tal vez no sea toda la atención que requiere doña Laura, pero yo lo hago con buena fe, ya que no me gustaría que algún familiar viviera una situación similar, porque todos los adultos mayores tienen derecho a una vida digna.

 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas mayores de 60 años ha sido víctima de malos tratos. Este tipo de violencia constituye una violación a sus derechos humanos.

 

Existen diferentes tipos de maltrato contra las personas mayores, tales como:

 

  • Maltrato físico
  • Maltrato psicológico
  • Abandono
  • Explotación financiera

 

En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, cabe recordar que el INAPAM  ofrece Asesoría Jurídica a personas adultas mayores que hayan sufrido violencia, abuso, maltrato o que soliciten ayuda en cualquier asunto legal.

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Cultura de Paz, Historias Cotidianas

Las niñas y niños solo deben trabajar en hacer realidad sus sueños

Yo comencé a trabajar desde muy pequeño; apenas cursaba sexto de primaria cuando mi padre sufrió un accidente; y por ser el hermano mayor, me tocó empezar a chambear para ayudar a mi mamá con los gastos de la casa.

 

Esta situción fue muy difícil para mí. La verdad, me gustaba mucho estudiar e ir a la escuela; hasta soñaba con ser arquitecto para construirle una casita a mi mamá y a mis hermanos.

 

Pero bueno, desafortunadamente yo no pude realizar mis sueños, ya que si no trabajaba no alcanzaba para comer, pues éramos ocho hermanos.

 

Ya con el paso de los años, me di cuenta de algunas afectaciones que me provocó el empezar a trabajar desde pequeño. Una de ellas es que padecí desnutrición, esto fue a causa del gran desgaste físico que realizaba. Además de que la alimentción durante el horario laboral no era la adecuada para un niño de mi edad.

 

Me atrevo a compartirles mi historia, debido a que a mí me tocó vivir en carne propia las afectaciones que genera el trabajo infantil. Por eso, acá abajo te dejo algunas de las consecuencias que causa éste, ya que el trabajo infantil es una amenaza para los derechos de niñas y niños, su salud, crecimiento y desarrollo.

 

  • El trabajo interfiere con el derecho a la educación de niñas y niños, ya que puede derivar en el abandono escolar.
  • Puede deteriorar la salud de los niños , pues corren el riesgo de no recibir una alimentación adecuada, o sufrir accidentes.
  • Las largas jornadas laborales limitan el tiempo que tienen para descansar y divertirse.
  • El trabajo infantil provoca que los niños dejen de recibir afecto, atención y cuidados apropiados.
  • Afecta el desarrollo psicosocial de los niños, ya que pueden sufrir altos níveles de estrés, agotamiento mental y depresión.

 

En el marco del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, es prudente hacer un llamado a las autoridades para generar acciones que permitan erradicar el trabajo infantil, pues de acuerdo con el Instituno Nacional  de Estadística y Geografía (Inegi), durante 2017 en México, 3.2 millones de niñas y niños de entre 5 y 17 años, realizaron actividades económicas no permitidas o quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas.

¡Recuerda, un niño que trabaja pierde más de lo que gana!

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Cultura de Paz, Historias Cotidianas

Lo que hace la mano, hace la tras

Margarita Lignan Camarena

Te digo… está muy difícil la cosa y además no sé si has notado, pero en esta cuarentena, como la gente casi no sale a manejar, parecen locos de veras cuando lo hacen; fíjate primo, el otro día que fui al súper me salió un carro por la derecha con una loca que nunca se frenó porque venía viendo el celular, si no me freno yo, se estampa conmigo… ¡Cuidadoooo! … ¿Ves lo que te digo?… Apenas te estoy contando y ve este cochino ciclista que se ha de creer de hule se me atraviesa, no sé ni de dónde salió….

 

No inventes compa, ya venía para acá pero me salió un cochino automovilista loco que casi me tira de la bici, se sienten todo poderosos echando lámina; de verdad que nos falta mucha cultura y quieren hacernos un país ciclista, pero imagínate, con los automovilistas que no respetan, ni cómo… Bueno, ya me voy otra vez porque con el encierro es que está cayendo mucha chamba de repartos de comida, afortunadamente… ¡Ay señora, fíjese, casi la atropello con la bici, para qué se cruza sin ver!

 

Ya vine por mi pollo Marthita, si, la verdad es que sí he de estar un poco pálida como dices; pero no, no es por el coronavirus, ¡cómo crees!, es que ahorita que venía para acá, me salió un ciclista en sentido contrario… Ahí por la fondita, ya lo he visto varias veces, es el que anda haciendo las entregas a domicilio; pero es un imprudente, nunca se fija,no voltea para ningún lado ni le importan los peatones… Sí, si, hay que cuidarnos todos; gracias por mi pollo, vengo en quince días; cuídate mucho y a la familia, deja pego la carrera porque ahí viene la micro y no alcanzo a llegar a la esquina para tomarla en la parada.

 

¡Ve nomás amiga!, estos de las micros se paran en cualquier lado, les da lo mismo, así nomás donde se les antoja, deja le toco el claxon… Yo no sé, estos señores no saben conducir, para qué les dan licencia, una con prisa y ellos para y pare… No, pues ya me va a tocar el alto otra vez, deja me paso la preventiva si no no vamos a avanzar nunca.

 

¡Señora, qué barbaridad, mire ya me pegó; todo por pasarse el alto!, pero qué ansiedad la suya, ¿cuál es su prisa que no puede esperarse? … Estamos en cuarentena, las calles están vacías, no sé por qué su acelere, ahora vamos a tener que ver cómo nos arreglamos, hay que llamar al seguro… ¿Cómo que no trae seguro?, ¿pues que no sabe que por ley es obligatorio? … De veras cuánta irresponsabilidad, tenía usted que ser mujer.

 

Mire oficial, lo que pasa es que la señora me pegó por pasarse el alto y además ni trae seguro …Ay, no, no me salga con que hoy no circulo… ¿Pues qué día es hoy?, ¿cómo que no circulo, pues que no estamos en cuarentena?… Noooo, yo no veo las noticias, porque nomás me angustio, ustedes deberían de andar atrapando rateros, no molestando a los ciudadanos… Mire nada más, ahora va a resultar que yo voy a ser el multado…

 

Oiga oficial… ¡oficial!… ¿sí lo molesto tantito?, entiendo que está usted alegando con los señores del choque, pero dejó su patrulla estacionada en la rampa y como verá, estoy en silla de ruedas y no puedo bajar; siempre se estacionan en nuestras rampas, nos bloquean los accesos, de por sí faltan espacios en la ciudad para incluirnos a todos… De verdad que la gente es egoísta, no piensa…

 

A ver mamá, agárrate fuerte de mi brazo, porque casi no hay espacio para pasar y la entrada a la clínica está aquí adelante, nada más que este señor de la silla de ruedas ya se quedó aquí estacionado platicando con el del puesto de dulces y no nos da chance de pasar…Oiga señor, vengo con mi mamá que es una persona mayor y no puede estar haciendo acrobacias, le agradecería si pudiera echarse de reversa porque la banqueta está muy angosta y no podemos pasar; vamos aquí a la clínica… ¡Oiga nooo!, ¡no sea agresivo! ¿cómo se le ocurre echarnos desinfectante?, no tenemos virus, mi mamá viene a su cita normal, ella padece de presión alta, ¿por qué nos ataca?…¡Gente loca!

 

Mire señorita, ya llevamos mucho tiempo esperando y como sabe, hay coronavirus y mi mamá es una persona mayor; así que por favorcito pónganos primero en su lista, mire, veo que el doctor va a recibir primero a esa señorita, pero se ve que está joven y aguanta;  y al muchacho de allá que está con su niño… ¿ah trae calenturita el niño?… Bueno pero es niño, siempre son más resistentes; a mi mami la estoy exponiendo mucho al traerla a su consulta y …Uy no mamá, creo que no nos va a adelantar la cita, ya ves cómo son estas mujeres, flojas para trabajar, el simple echo de volver a anotar el nombre de las personas en otro orden ya le pesa, que no fuera fiesta porque bien que se aplicaba.

 

¡Ash la gente me pone de malas!, son tan groseros los pacientes, hoy una señora me trató malísimo porque venía con su mamá y a fuerza quería que la pusiera primero en la consulta, pero oye amiga, también la demás gente tiene derecho… Si, la verdad es un trabajo muy pesado el de asistente médica, nos dicen que somos desatentas, pero no se ven a ellos mismos; no les importa nada, nos falta muchísima educación y consciencia… Sí amiga, ya salí de trabajar, voy de camino al súper; oye, a ver pásame el videíto de la receta de flan sin horno que me platicaste el otro día, para ver si les hago uno en la casa para que se alegren un poquito… ¡Ay, por estar viendo el video!…¡De dónde salió este menso que casi chocamos!

 

Solemos ver con gran facilidad la falta de conciencia cívica en los otros y culpar al gobierno de no atenderlas; pero si cada uno actuamos de manera menos egoísta, atendiendo a nuestros intereses y necesidades, pero también considerando y atendiendo las de los demás, podremos tener una convivencia cotidiana menos estresante, más armónica y segura. ¿Tú qué puedes hacer para mejorar la convivencia vial?

 

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día mueren alrededor de 3 mil 500 personas en accidentes de tránsito.

 

Los conflictos viales pueden evitarse conociendo y respetando el reglamento de tránsito, pero sobre todo, siendo cordiales y pacientes; de otra forma la violencia crece y crece hasta llegar a los golpes e incluso al homicidio, actuemos de manera consciente, frenar la violencia está en nosotros.

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