Historias Cotidianas, Prevención

Desesperación y confinamiento ¿Cómo prevenir la violencia familiar?

Estamos por cumplir casi un año desde que iniciamos el confinamiento por la pandemia de Covid 19. Al principio, fue extraño porque todo se paralizó, y eso nos obligó, a toda la familia, a estar en casa.

 

Mi papá y mis hermanos se adaptaron rápidamente a esta “nueva normalidad”: cumplen con sus horas de trabajo, y el resto de su tiempo lo ocupan en realizar las actividades del hogar que les corresponden, hacer ejercicio, leer un libro y, en ocasiones, ver series y películas. No quiero decir que mamá y yo no hagamos lo mismo, pero en ocasiones tenemos roces que nos llevan a tener varias discusiones.

 

Ella y yo realmente nos llevamos bien, pero creo que ya no aguantamos la desesperación por tanto tiempo en confinamiento. La mayoría de las veces chocamos por cosas que no tienen tanta relevancia, y al final, termino preguntándome si valió la pena discutir por eso. Te cuento un poco más…

 

Durante las últimas semanas, mamá y yo nos molestamos porque una ocupa el maquillaje o toma alguna prenda de vestir de la otra, pero por lo que más peleamos es por la distribución de las actividades en casa.

 

Sé que esta situación no solo me pasa a mi, así que decidí investigar de qué manera podría mejorar la convivencia con mi familia, en particular con mamá, y encontré estas recomendaciones que te comparto a continuación.

 

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  • Antes de tomar o usar algo que no es tuyo, pide a la otra persona que te lo preste. Eso ayudará a tener una comunicación y que no se molesten por esa situación, y muy importante, si te dice que no, respeta su decisión porque son sus cosas
  • Distribuye equitativamente las tareas del hogar entre los integrantes de la familia. Esto permitirá que todos se involucren por igual y puedan incluso, intercambiar actividades, por ejemplo: me tocaron los trastes, pero no me gusta lavarlos. Si quieres yo barro y saco la basura.
  • Respeta tiempos y espacios de cada uno para atender cuestiones personales. Esto ayudará a que todos atiendan adecuadamente sus actividades porque lo que hacemos todos, es igual de importante

 

 

Recuerda que mantener una buena convivencia con todos los miembros de tu familia, te ayudará a resolver los desacuerdos sin recurrir a ningún tipo de violencia.

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La violencia que viví, no la quiero para mi familia

Llegó el día que -desde hace algunos años- mis padres tanto esperaban, o al menos eso parecía por las palabras que me decían. Hoy, con 26 años recién cumplidos, dejaré el hogar en el que crecí y aprendí gran parte de los valores y comportamientos que me definen como persona.

 

Te preguntarás por qué dije “gran parte de los valores y comportamientos”, y no todos. Te cuento un poco:

 

Durante mi infancia, recuerdo que muy frecuentemente mi padre llegaba de madrugada por andar cotorreando con sus cuates, mientras que mi madre se pasaba todo el día cuidando de mi hermana menor y de mi. La mayoría de las veces, mi papá solo hacía un poco de ruido y nos despertaba, pero había algunas ocasiones que se pasaba de copas y comenzaba a gritarle a mamá, incluso llegó a jalonearla.

 

Más adelante, cuando cursaba el tercer año de secundaria, papá se quedó sin empleo. Los primeros meses no sentimos tanto el despido de mi padre, pues con el finiquito que le dieron alcanzaba para cubrir los gastos del hogar y de la escuela.

 

Pasaron más meses y mi padre no lograba encontrar trabajo. Esta situación para él era muy complicada y se notaba su intranquilidad a simple vista.

 

Por esas fechas, un nuevo ciclo escolar estaba por iniciar y mamá habló con mi padre porque había que comprar las listas de útiles de mi hermana y la mía. Al enterarse de esto, él se exalto de sobremanera y de nuevo empezaron los gritos hacia mi madre. En esta ocasión, mi padre no logró controlar sus emociones y terminó por darle una bofetada.

 

 

 

Al ver la agresión de mi papá contra mi madre, quedé en shock y por el temor de también ser golpeado corrí a mi habitación. Después de esto, papá no volvió a golpear a mamá, pero nunca dejaron de estar presentes los gritos e insultos.

 

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Ahora que estoy por iniciar una nueva vida con mi pareja, y que nuestro plan en un futuro es formar una familia, trataré de prevenir y evitar las situaciones de violencia que viví con mis padres; y para lograrlo, creo que es necesario fomentar una relación basada en el respeto, amor y comunicación.

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¿Cómo prevenir el fraude cibernético?

Algo que había cambiado en la vida de Alejandro fue que aumentó considerablemente sus compras en línea. Primero, con el pretexto del confinamiento y ahora, porque se había acostumbrado a este tipo de comercio.

 

La comodidad y la variedad de productos que encontraba en línea le habían llevado a convertirse en un comprador habitual, por lo que sus datos ya estaban registrados en muchas páginas y en sus dispositivos.

 

Solía utilizar la misma contraseña para todas sus cuentas y ya tenía los datos automatizados. Aunque la mayoría de sus compras se verificaban en sitios seguros, un día se sorprendió pues no recibió más notificaciones sobre la compra de unos zapatos.

 

Al día siguiente, cuando quiso realizar otra compra se dio cuenta que no podía realizarla pues no tenía fondos. Asustado, se comunicó a su banco y le informaron que, posiblemente, había sido víctima de un fraude cibernético; y le brindaron información sobre el procedimiento que debía seguir.

 

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Es importante que, además de reportar anomalías y seguir las indicaciones del banco, consideremos las recomendaciones de la Policía Federal para combatir delitos cibernéticos:

 

  • Cambia tus contraseñas constantemente
  • No uses datos personales, ni formularios preestablecidos
  • Evita publicar información financiera o de tus cuentas en redes sociales
  • Verifica los establecimientos de tus compras en línea

En caso de ser víctima de fraude financiero o quieras realizar cualquier aclaración sobre este ámbito, acercarte a la Condusef que es la entidad encargada de defender tus derechos financieros.

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¿Esto es mío o de quién?

Margarita Lignan Camarena

Vas a decir que estoy bien loca, pero a veces en mi cabeza suenan voces que no son mías, con las que llego a confundirme. Mira te explico, por ejemplo, mi abuelita Tere, la mamá de mi papá, siempre decía que “las mujeres deben ser rogadas, no rogonas” y gracias a esa frase, cuando yo era muy joven y comenzaba a ir a fiestas, me llegaba a pasar que conocía a un chico que me caía bien o que me gustaba, y simplemente ni le hablaba porque sonaba esa frase en mi cabeza e inmediatamente me convencía, como si esas palabras fueran idea mía.

 

Hay otras frases que de pronto se me aparecen, por ejemplo, la de mi tía Martina, la hermana de mi abuelo materno que decía “es una buena mujer la que barre su casa al amanecer” y entonces, cuando por una razón u otra tengo que salir casi volando al trabajo, ahí me tienes, culpándome todo el día porque me fui sin tender la cama.

 

Y ni te cuento lo que me pasó con las frases de mi mamá, como la de “todos los hombres traicionan”, la cual explica perfectamente el hecho de que actualmente no tenga pareja, ¿sabes?, mis relaciones han sido casi fugaces, pues prefiero terminarlas antes de que me traicionen.

 

A veces me descubro obsesionada con no usar nada de color naranja porque Juan, mi hermano mayor, se la pasa diciendo que atrae la mala suerte, o echo la sal que cae en la mesa por detrás de mi hombro, como lo hace mi papá.

 

No es que me parezca mal tener algunas mañas familiares, a veces son hasta pintorescas, pero otras, con el tiempo me van estorbando más y más; por eso ahora, cada vez que una frase se me aparece me pregunto: ¿es mía o de quién?, ¿realmente estoy de acuerdo con ella?, ¿son palabras que me impiden hacer algo o me permiten avanzar?

 

Quizá parezca trivial, pero ¿sabes cuándo de plano tuve que poner un límite a estas frases?, cuando me vi repitiéndolas a mis hijos; basta que me hagan enojar o que algo de lo que hacen me de miedo para que se detonen en automático en mi cabeza y salgan por mi boca. No me gusta, no me gusta nada, porque muchas de ellas lastiman y limitan; estoy segura de que mis ancestros no reflexionaron en esto y las repitieron queriendo darme una enseñanza, pero ya que yo me he dado cuenta, es mi responsabilidad cambiar el curso de las cosas.

 

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Una vez mi hija Maribel que es adolescente, se fue a una fiesta, cuando pasé a recogerla a la hora acordada no salía y no salía ni me contestaba el celular; cuando por fin apareció, casi una hora más tarde, yo estaba muy enojada pero también muy asustada; la primer frase que vino a mi mente para decirle fue: “mira chamaca, aprende que mujer recatada, mujer codiciada”; pero justo a tiempo me acordé que cuando mi madrina me la decía, yo me sentía tratada con desprecio; así que me callé justo a tiempo. Claro que después hablé con mi hija, pero una cosa es marcarle el límite y otra ofenderla.

 

En otra ocasión mi hijo Luis me estaba contando que se sentía muy triste porque su novia y él estaban teniendo muchas diferencias y ya se habían peleado fuerte un par de veces; estuve a punto de decirle “es que los hombres son más de la razón y las mujeres más del corazón”; pero alcancé a darme cuenta de que con eso le daría a entender que sus sentimientos no importaban. Esta frase ni sé de dónde la aprendí, pero al preguntármelo me di cuenta que no es mía porque yo considero que tanto hombres como mujeres tenemos momentos muy emotivos y otros muy racionales.

 

Apenas el martes pasado me encontré con mi vecina, como no nos habíamos visto hace meses me platicó que ya es abuela y que su nieto “está morenito pero bonito”; también me dijo que con la pandemia han tenido muchas dificultades económicas porque “nunca falta un prietito en el arroz”.

Existen muchas frases que hemos aprendido y que repetimos como verdades, sin cuestionarlas, sin preguntarnos si realmente creemos en lo que dicen o en si ofenden a alguien.

Hoy quiero cambiar, crear mis propias frases, unas que me hagan sentir bien y que motiven a otros; elijo estar atenta a esas voces que se disparan solas para preguntarme si creo en lo que dicen.

 

¿Te ha pasado que dices frases que ni son tuyas y en las que realmente no crees?

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Todo es culpa de la gelatina

Margarita Lignan Camarena

Miércoles

Necesito contarte esta historia antes de reventar, es que mira, las cosas no pueden seguir siendo así, va a ser el cumpleaños número 70 de mi papá y nadie me hace caso en esta familia.

 

Nosotros vivimos acá en Celaya, el otro día vino mi hermana Jimena a contarme que su hija va a reprobar porque sencillamente no le gustan las clases en línea y no ha querido estudiar, yo ya le dije que debe ponerle límites porque así empiezan, dejando la escuela para luego meterse en no sé qué líos. Y luego Julián, mi hijo, que por más que le digo no tiene su cuarto en orden, como estudia de noche amanece en el escritorio la taza de café y el día completo está la cama a medio tender, nomás con la colcha aventada encima.

 

Para pasado mañana tengo que hacer una gelatina de cajeta para el festejo de mi papá, a él no le gusta el pastel, ni los postres, pero por lo menos una buena gelatina digo yo, claro que como va a ser para la fiesta, me busqué una receta en internet de una que es como jaspeada, no sabes, queda muy bonita, parece mármol; bueno, nunca la he hecho, pero ya vi cómo y parece fácil.

 

Jueves

Es que te digo que siempre es lo mismo, ahí vengo toda cansada de comprar el molde y los ingredientes para la gelatina, bueno peor, porque con el cochino tapabocas y la careta no puedo ni respirar. Ni acababa de dejar las cosas en la mesa cuando ya me estaba marcando una amiga, llore y llore porque va a ser el Festival de la fundación de acá; todos los años hay feria y muchos eventos muy bonitos, viene gente de todos lados, ella y su familia siempre venden buñuelos, pero como ahora todo va a ser virtual, dice que acabarán este año muertos de hambre y endeudados con los préstamos del banco; total la tranquilicé, como ves tengo que andar arreglando los problemas de todos; sin mi qué harían la verdad, como siempre les digo: “ruéguenle al cielo que les dure Carmelita”, o sea, yo.

 

Viernes 10 am

Ve nomás qué hora es, según yo bien temprano iba a empezar con lo de la gelatina, pero tuve que bajar con mi vecina que no tenía luz, resultó ser por un fusible y le llamé a don Moi, porque yo lo conozco y es de confianza; mi vecina decía que le iba a hablar a su primo, pero no, yo le insistí que don Moi es el efectivo.

 

Ya me voy a poner a hacer la gelatina, si no, no va a haber fiesta… ¡Julián, Julián!, a ver no andes haciendo de esos ejercicios, ya te dije que están muy fuertes para ti que ni entrenas nunca; tienes que empezar por algo más ligero; así recomiendan en la tele, mejor ponte un son como el del pitayero o el del pato para que me alegre.

 

Viernes 3 pm

Cochina gelatina no cuajó bien, además quedó toda manchada, no la hagas, parece una espantosa revoltura de todo, no mármol… ¡Ay no!, ¿ahora qué vamos a hacer?… ¡Cómo que no me preocupe!… Sí, ya sé que a tu abuelo no le gustan los postres, pero en todas las fiestas debe haber uno, si no, ¿cómo?

 

Viernes 6 pm

Puse la gelatina en hielo, ni la quiero sacar otra vez, ando bien estresada, con el dolor de cabeza a todo lo que da nomás de pensar en la dichosa gelatina; la de angustias que ando pasando yo siempre, y todavía tengo que echarle una llamada a mi hermana para que no vaya a estar peleando con su hija a media fiesta y acaben armando un sanquintín.

 

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Viernes 8 pm

Las gorditas de tierras negras que hizo mi hermana quedaron rete duras, tiesas, tiesas y mi papi no las pudo comer; además la salsa le quedó picosísima; es que Jimena siempre ha sido muy mala para cocinar, yo no sé en qué momento le encargamos la comida del festejo; si no hubiera sido porque nadie pensó en el postre, yo hubiera preparado la cena y segurito que salía mejor.

 

Sábado 1 am

La fiesta salió espantosa, Julián y su prima risa y risa como si no pasara nada, mi hermana acabó haciendo unos sándwiches echando a perder todo el plan y mi pobre papi sin su postre de cumpleaños. Me siento terrible, tanto que me esmero siempre, tanto que procuro a todos y nadie lo valora. ¡No puedo dormir por la migraña!

 

Julián

Ayer fue el cumple de mi abuelo, estuvo súper bien, nos reunimos nada más la familia, ya sabes, para cuidarnos. Estuve platicando con mi prima de lo de las clases en línea, ha estado peleando mucho con su mamá porque no le gustan, pero mira, yo ni me meto en eso, nomás la escucho; no son mis asuntos la verdad, mejor que ellas resuelvan. Lo que estuvo divertidísimo fue lo de la comida porque todo salió fatal, acabamos comiendo sándwiches, nos lo tomamos con humor, hasta el abuelo estuvo risa y risa, la única que hizo drama fue mi mamá, y es que la cosa era celebrar con el abuelo, lo vi muy contento de tenernos a todos reunidos. Otro dramón fue lo de la gelatina, mi mamá a fuerza quería llevar un postre y al abuelo ni le gustan, ya te lo imaginarás risa y risa de que sus hijas intentaron sus platillos estrella, pero no les salieron. Todos le dijimos a mi mamá que no se preocupara, pero es imposible, dice que siempre tiene que encargarse de todo y de todos; la verdad yo pienso que por eso siempre termina bien enojada, sin hablarnos y con dolor de cabeza.

Yo soy más de la idea de dejar que cada quien se ocupe y resuelva sus cosas de disfrutar el estar juntos y lo que sí tenemos sin tanto estrés ¿tú como lo ves?

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Pobrecita de mí

Margarita Lignan Camarena

Quiero compartirte cómo un día me quité el velo gris de la desesperación y lo que aprendí de mí.

 

No sé cuándo empezó todo, pero sí recuerdo que lo escuché con claridad por primera vez el día que fui a recoger mi camioneta nueva a la agencia; en cuanto me subí y cerré la portezuela, comencé a pensar que la camioneta de mi hermana es mucho mejor e incluso también lo es la de mi vecina, pero “ni modo, sólo me alcanzó para esta y además tendré que pagarla en varias mensualidades, lo que con seguridad se me volverá pesadísimo… Pobrecita de mí”.

 

Al llegar a casa, mi esposo me pidió que tomáramos un café en la cocina para platicarme de un nuevo proyecto en su trabajo, le propusieron un ascenso, pero para tomar el nuevo puesto tendría que ir a capacitarse a otro estado durante varios meses, “pobrecita de mí”, pensé, “tendré que hacer todo el trabajo de la casa y encargarme de los chicos yo sola; además estaré todo el tiempo preocupada de que mi esposo no se vaya a contagiar de algo por allá, ahora que estamos con lo de la pandemia”.

 

Por la noche llamé a mi amiga Amelia para compartirle mis desasosiegos. —Eres muy afortunada— me dijo —Tienes una hermosa familia y al parecer la prosperidad se asoma a tu puerta. — Debo confesarte que las palabras de Amelia me hicieron sentir ofendida, incomprendida, incluso menospreciada. —Claro que tengo una familia— le recordé— pero con muchos problemas, pues hemos tenido que enfrentar muchísimas dificultades; como hace 10 años, cuando me detectaron un quiste y creímos que era cáncer, sufrimos mucho.

 

También me traía asoleada lo de mi sobrino mayor Luis, él está estudiando Derecho, yo lo he apoyado con algunos pagos de la escuela porque mi hermano ha tenido muy mala suerte, no encuentra trabajo en ningún lado. Hasta me dio gastritis nada más de pensar que un día mi esposo pierda el trabajo y ya no pueda apoyar a mi sobrino, además, me preguntaba si el que estudiara una licenciatura sería buena inversión, pues hay tanto profesionista sin trabajo.

 

Y entonces pasó, conocí a Isabela, una linda adolescente que un día tocó a mi puerta, cuando abrí, ella bajó de un triciclo de carga, muy sonriente, canasta en mano, para ofrecerme arroz, espagueti, chiles rellenos, croquetas de atún y ensalada; me aseguró que estaba todo muy limpio, ella venía impecable con guantes y careta y me comentó que ella y su hermana estaban preparando comida diariamente para salir adelante con sus estudios.

 

  • ¿Y tus papás?
  • Ah, ellos ya están mejor, ya están con diosito; hace un par de años tuvieron un accidente en la carretera… No, no; no ponga esa cara, murieron muy rápido, ni cuenta se dieron.
  • ¿Y quién se encarga de ustedes?
  • Mi tía, ella nos echa un ojito porque también tiene sus cosas que hacer.
  • Pobrecitas de ustedes”
  • Ja ja ja; no, no somos pobrecitas las dos estudiamos y trabajamos, vendimos el coche de papá y así empezamos este negocio, con la pandemia nos está yendo muy bien, vivimos con mi abue; así que no pagamos renta.
  • ¿Además cuidan a su abuelita?, ¡pobres criaturas!
  • Afortunadamente la tenemos, diría yo.

 

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Cada lunes y miércoles que Isabela toca a mi puerta parece domingo soleado, aunque esté nublado. No sé cómo explicarte, pero apenas sonríe y todo se ilumina; todo agradece, todo le parece maravilloso, se siente llena de buena fortuna y narra sus aventuras como si fueran sucesos extraordinarios. Como la vez que se disculpó por no entregarme la comida porque se le cerró un coche que le pegó en el triciclo y le tiró al suelo toda su mercancía; pero ella lo que destacó fue su “excelente maniobra” para salir ilesa del accidente que consideró una torpeza de ambos conductores.

 

Gracias a la sonrisa y a los relatos de Isabela, el velo gris que me cubría siempre se desvaneció, comencé sin querer a imitar sus formas de enfrentar el día a día; es que tiene una alegría tan franca que es inevitable contagiarse. Poco a poco comencé a sentir una sensación de ligereza. Descubrí que Isabela acepta todo lo que ocurre tal cual como es, sin querer cambiarlo ni aferrarse, entonces pude darme cuenta de que yo no era una víctima, es verdad que algunas veces no puse los límites que mi autoestima necesitaba, algunas otras veces exigí el afecto o la atención de los demás facturándoles mi sufrimiento; incluso hubo ocasiones en las que me llené de temor ante una responsabilidad y preferí actuar como víctima para que alguien más la tomara.

Aprendí que victimizarme es una forma de violencia, porque de esa forma yo solía responsabilizar a otros de asuntos que son mi responsabilidad, de decisiones que yo tomé o de errores que yo cometí.

Hoy me concentro en todo lo bueno que tengo, acepto las cosas que no me gustan como una enseñanza, y sobre todo, he aprendido a tomar con alegría la responsabilidad de mí misma; dejé de pensar en la vida como una ruta tortuosa para disfrutarla como Isabela, viéndola como una maravillosa aventura.

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La escritura es una llave

Margarita Lignan Camarena

Cuando era niña casi nada se podía, no teníamos dinero, mi padre se marchó (sólo él sabe a dónde) y mi madre enloqueció por muchos motivos; porque la responsabilidad era grande, porque por primera vez tendría que trabajar, porque su plan no era criar hijos sola, porque su corazón estaba hecho fragmentos y sobre todo, porque la vida la obligó a renunciar de golpe a todo lo que había soñado.

 

Yo estaba por entrar a segundo de primaria y no lloré una sola lágrima, sólo engordé y engordé hasta sentirme realmente grande, lo suficiente como para cuidar de mis hermanos, y en ocasiones también de mi madre, que buscaba en pastillas de colores viajes hacia otras dimensiones más amables.

 

Por cierto, quiero contarte que antes de este apocalipsis yo nadaba mucho, me encantaba nadar, creo hasta hoy que gran parte de mi naturaleza es acuática; así que perder mis clases de natación porque ya no había con qué pagarlas, me dolió tanto que esa vez sí lloré, pero debajo del agua, como las sirenas.

 

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También me gustaba bailar, pasaba horas en la tele viendo un programa semanal de bailarinas de ballet a las que luego yo imitaba entre las paredes de mi cuarto, usando como tutú una vieja crinolina que perteneció a los años mozos de mi madre. Tampoco hubo con qué pagar las clases de ballet, además “no aceptan gordas”, me dijeron.

 

Quise ser pintora, una tía me regaló un bastidor y un pequeño paquete de óleos, su aroma, su textura, su manera de deslizarse sobre la tela me encantaban; combinar colores, matizarlos. Yo sentía que el color daba vida a las imágenes, pero se acabaron y escuché una voz que dijo: “no podemos gastar en esas cosas”.

En casa de mi abuela, donde vivíamos, encontré algunos libros viejos que fueron llegando con la suscripción al periódico, mismos que vivieron muchos años adornando las repisas hasta que me dio por leerlos; la verdad es que unos sí los entendí y otros no, unos me aburrieron muchísimo y otros me fascinaron y varios, sobre todo los de poesía, sonaban tan bonito cuando los leía a solas pero en voz alta, que comencé a imitarlos.

 

Las palabras se convirtieron para mí en textura y color, con ellas daba piruetas, saltaba, flotaba e incluso podía viajar a bellísimos escenarios marinos que aparecían en mi mente como si la mismísima Alfonsina Storni me los dictara.

 

No necesitaba dinero, ni que nadie me llevara a clases, sólo papel y un lápiz o pluma con qué escribir. Llené cuadernos y cuadernos de imaginarias cartas que me escribió mi padre, mismos en los que le confesé a mi mamá lo enojada que estaba y en los que renuncié mediante un formal manifiesto a hacerme cargo de lo que no me correspondía. Más tarde escribí poesía para quien tocó mi corazón y también para quien lo rompió. Escribí cuentos de terror en los que me reconcilié con mis fantasmas y cuentos fantásticos en los que según yo he plasmado lo que imaginé; pero luego me parecen tan familiares, que más bien creo que son experiencias de otras vidas.

 

Escribí un montón de cuentos para reinventarles el mundo a mis pequeños hijos, y luego, varios años más tarde, escribí mi primera novela para explicar a jóvenes, quienes quizá desafortunadamente también estén viviendo adversidades, que la escritura es una llave, que abre y desbloquea todas las puertas.

 

La escritura me ha llevado de viaje para dar conferencias, con ella he pagado las cuentas, me ha permitido conocer a muchas personas, todas maravillosas porque de todas he aprendido mucho, me ha ayudado a ser protagonista y transformarme en quien en realidad quiero ser.

Hoy escribo cartas para mis lectores y escribo historias que viví o que alguien más me contó, porque quiero dar vida a todo tipo de realidades, o todo tipo de miradas, dar voz a otros corazones e intentar transformar con palabras lo que no me gusta del mundo porque en definitiva, la escritura es una llave.

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Como el agua clara

Margarita Lignan Camarena

Qué fastidio con la maestra de cálculo que deja tanta tarea, ¿no ve que no sólo voy a la escuela?, tengo que trabajar… ¡Me choca!, si el bruto de mi papá no se hubiera ido a hacer su vida sin nosotras.”

 

-Uyy, mira nada más qué pechos más bonitos, parecen dos girasoles.

Pero qué asco, de tipo, cómo se atreve, yo ni quise nunca estos horribles pechos gigantes, los odio, sólo me dan problemas”.

 

Lo único que se le ocurrió a Clara fue caminar más y más rápido, casi rozando contra la pared, con los brazos atados sobre su pecho, esquivando la mirada lasciva y el sucio aliento cercano de aquel desconocido para quien ella era sólo un par de pechos.

 

A la mañana siguiente, se levantó temprano para hacerse un lunch pues eso de pasar de la escuela al trabajo sin comer, le daba jaqueca; se bañó de prisa, sin mirarse, casi sin tocarse, enojada con las formas curvas de su cuerpo y volvió a salir de prisa.

 

-Mira nomás que chula, bueno, como dicen, cuerpito de tentación y carita de arrepentimiento.

 

Descendiendo por las escaleras hacia el andén del metro, resbaló, dos, tres escalones; tuvo que sujetarse del barandal para no caer del todo, aquel tipo se acercó sonriendo maliciosamente para “ayudarla” y ella como siempre, se hizo bolita, quería desaparecer; él se fue riendo.

 

Bueno, sólo me retrasé unos 3 minutos, si corro en el transbordo, los recupero y llego a tiempo a clase, porque en inglés voy bastante atrasada.”

 

-Hoy Diosito está contento conmigo, mira amigo, una guardiana de la bahía, mira qué bonito se mueve toda cuando corre.

 

Malditos pechos, asquerosos pechos, los odio, los odio, juntaré dinero y me los voy a mutilar; juro que lo haré”.

 

No alcanzó a entrar al vagón de mujeres, el de en medio es mixto y le quedaba más cerca. Una mano rozó la suya, era ese tipo, siempre se llaman tipo, todos son el mismo, idéntico rostro, idéntica mirada, idéntico aliento; cambió la mano de lugar tres veces, se paró en un pie para ocupar menos espacio; el tren se detuvo en la siguiente estación y de pronto alguien jaló la palanca.

 

-¡Policía, policía!… Acá, en el vagón de acá…Mire oficial este hombre viene acosando a esta jovencita, dijo la mujer, una señora mayor.

 

Clara se quedó sorprendida, no sabía ni cómo reaccionar…

 

-Señorita ¿la están molestando?

 

-Sí, ya le dije que sí, yo soy su abuela; molestando no, acosando tal cual, mañosos estos.

 

Dos pasajeros más confirmaron los hechos. Lo sacaron, se lo llevaron; Clara sintió un alivio inmenso.

 

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-Mira mijita, no andes permitiendo que te pasen esas cosas; tú jala la palanca, grita, grita ¡fuego, fuego!, busca a alguien más, a otras mujeres, a casi todas nos ha pasado lo mismo y verán cómo ayudarte.

 

El llanto de la chica no pudo contenerse más.

  • Es que tengo un cuerpo muy voluminoso, asqueroso, me choca, pero no me visto provocativa ni nada…
  • No, no, ni me digas; si no tiene que ver con eso, tu cuerpo es precioso, te lleva y te trae de regreso, te deja abrazar y besar a los que quieres, te hace sudar frío para que detectes un peligro, te avisa que necesitas alimento. Tu cuerpo es hermoso, una maravilla, ¿por qué ibas a ocultarlo?… Tu mente mi niña tiene que ser clara, estas cosas ni las mereces ni son culpa tuya ni tienes por qué vivir con ellas; no te pongas en riesgo pero siempre busca ayuda… Pero sobre todo, no te enojes con tu cuerpo, no es ni sucio ni asqueroso; mira qué clara es tu mirada, llena de luz, de futuro, de buenas intenciones; yo te veo muy bella y llena de brillo, como las garzas que cruzan el pantano sin manchar sus alas. Si fueras mi nieta, hubiera pedido que te llamaras Clara, como el agua.

Según datos de un la Organización de las Naciones Unidas, las calles y el transporte público son espacios inseguros para siete de cada 10 mujeres, no obstante, únicamente una de cada 10 se atreve a denunciarlo.

 

Desde 1970 existe una separación de vagones exclusivos para mujeres y desde el año 2000 la medida se hizo oficial para los dos primeros vagones del metro.

 

En septiembre del año pasado el gobierno de la Ciudad de México lanzó la campaña “#Date cuenta es violencia” consistente en la difusión de carteles en espacios públicos con la finalidad de visibilizar conductas normalizadas que implican violencia contra las mujeres.

La Secretaría de las Mujeres de la CDMX recomienda diversas acciones inmediatas en el transporte público:

 

1. Acciona la palanca de seguridad para que el personal de la estación te auxilie.

2. Si te encuentras en el andén, en las escaleras, pasillos, torniquetes o cualquier zona dentro, grita pidiendo ayuda y solicita apoyo del personal de seguridad.

3. Al recibir ayuda, solicita de inmediato que te den apoyo de los Módulos “Viaja Segura” más cercano.

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Seguir al líder

Desde niños habían vivido en la misma colonia y, después de haber formado sus propias familias, decidieron seguir en el mismo lugar pues así podrían seguir conviviendo. Karina se había separado y solo vivía con su hijo de 12 años. Mientras que Osvaldo, su hermano tenía dos hijos, una niña de 7 y un chico de 14 años.

 

Los primos habían crecido juntos y se visitaban muy seguido; de hecho, habían estudiado en la misma escuela. Cuando Antonio entró al primer año de la secundaria, se encontraba en los recesos con Alfredo que estaba por terminar.

 

Las discusiones en casa de Karina eran muy frecuentes y ella quería pensar que se debían a los cambios normales de la edad; pero notaba que Antonio era más agresivo y solía resolver todos sus problemas con amenazas o retirándose.

 

Ahora que muchas de las actividades de la escuela se desarrollaban en línea escuchó que, al hacer una tarea en equipo, su hijo insultaba a sus otros compañeros y mostraba una actitud retadora. Se dio cuenta que en verdad podría tener problemas para trabajar con otras personas.

 

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Karina pidió una reunión con la coordinadora en la secundaria, quien le dijo que esa conducta solía repetirse en su hijo, sobre todo cuando quería impresionar a su primo más grande.

Le comentó que puede controlarse con apoyo y terapia psicológica, pues de no hacerlo podría llevarle a conductas violentas. 

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La delgada línea

Margarita Lignan Camarena

Día 1

Ay, te quiero contar que estoy contentísima y muy ilusionada, Carlos me pidió que fuera su novia; bueno, no me lo dijo exactamente así, pero sí me dijo que yo le encanto y que quiere que sea su chava. Desde que lo conocí, me fascinó, quedé absolutamente volada por su personalidad, ya sabes entre loco, rebelde; no sé, no es exactamente que sea guapo, sino que es como muy coqueto, ya sabes, encantador.

 

Día 17

Ando medio bajoneada, es que tuve mi primer pleito con Carlos; ash no sé, mira, tiene un buen de amigas, yo como que siento de repente que no son precisamente amigas, pero él dice que es mi inseguridad y que así no vamos a poder; así que ya me tranquilicé, como él dice “ya le bajé tres rayitas a mi escándalo”, pero me siento muy sacada de onda, espero que se me pase pronto.

 

Día 43

Carlos y yo nos hemos estado peleando y contentando, ja ja ja; creo que somos muy apasionados, intensos pues. La verdad yo prefiero las relaciones así, porque una relación toda plana y sin emoción como que para qué, ¿sí me entiendes?

 

Día 60

Hoy cumplimos dos meses, yo quería celebrar con él, me había imaginado una velada bien padre, acá súper romántica, musiquita, peli, vinito y una cena preparada por mí; pero va a haber una party de sus cuates y quiere que vayamos, yo no quería, pero pus bueno; la verdad es que soy su chava y me lleva a todos lados con él y eso me hace sentir bien acá, porque todos saben que andamos.

 

Día 61

Me la he pasado chille y chille todo el día, por mensa, debí irme de la fiesta cuando Carlos ya estaba que se caía de borracho, pero ah no, quise quedarme; empezó de mala copa a coquetear con cuanta “amiga” se le acercaba, y luego a hacer chistes pesados con sus cuates, chistecitos que empezaron a ser acerca de mí y como no me gustó le reclamé, y entonces me dijo que yo no soy su dueña ni nada y que me da una bofetada “para tranquilizarme”. ¡Ay, estoy tan enojada conmigo que lloro de rabia!, ¿cómo pudo pasar?, ¿por qué se lo permití?… ¡No, no, no!, no lo puedo creer, si él dijo que me quería, incluso dijo que nunca había conocido a una chava como yo, ¿dónde se fue su amor?, ¿qué no me ve?, ¡soy yo, la de siempre!, ¡lo amo!

 

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Día 68

Ya estoy más calmada, también yo me pasé de la raya, es que soy toda emocional y bueno, Carlos como te digo es intenso. Todos estos días que ni me llamó ni me contestó las llamadas yo sentía que me faltaba el aire, es que nos hemos vuelto como uno solo, si él no está, yo no respiro, y sé perfecto que también le hago falta. Ya hoy me habló gracias al cielo, me perdonó, y bueno, me siento mucho mejor, creo que esta experiencia nos sirvió para aprender.

 

Día 95

Fuimos de día de campo con la familia de Carlos, con sus papás y sus hermanos; como que me sentí bien contenta de que me invitara porque si me incluye en la familia, es que ya está viendo todo más en serio ¿no? La verdad me sentí medio extraña, como que ya entendí porque es intenso Carlos, sus papá se puso mega borracho, hasta me incomodaba de repente porque se me acercaba mucho y se portó medio hostigoso; luego su mamá los trata a puras groserías; pero lo que sí me sacó más de onda fue cuando Carlos y sus hermanos estaban hablando que de un negocio y que le iban a “bajar” las autopartes como a 10, pero que tenían que estar bien “despiertos” para que no los cachara “la tira”. Yo creo que escuché medio mal, como estaban lejos.

 

Día 131

Ya más o menos me voy curando de mi pierna, la traía bien raspada de ese día que me caí de la moto. Yo no tuve nada que ver, nomás acompañé a Carlos porque soy su chava y le soy bien leal en todo; pero como hubo que darnos a la fuga bien rápido, pues no me agarré bien y por taruga me metió una mega regañiza; obvio, él estaba estresado. El otro día vi una peli de un chavo rebelde como mi Carlos, de vida muy al límite. Sé perfecto que algunas cosas que hace no están bien, aunque no es “delito”, “delito”; porque el sólo echa ojo y da el aviso y yo lo acompaño; además qué iba a hacer él, si es cosa de familia, sus tíos y su papá a eso se han dedicado.

 

Día 158

¡No lo puedo creer!, ¿qué voy a hacer sin él?, me cortó que por “rajarme”. Yo le dije que ya todo me estaba pareciendo muy mal, muy peligroso, que nos fuéramos juntos y que con mi amor saldríamos adelante; pero él me dio la espalda y dice que la familia es primero y que no los va a traicionar, que me pasé de la raya contándole a mi prima que tengo miedo y en lo que andamos. ¡Ya no quiere saber de mí, qué voy a hacer!

Día 257

Hace ya un mes que me ingresaron al penal, este lugar es un infierno de pobreza, violencia y suciedad. ¿Cómo diablos caí aquí?, ¿por qué no quise abrir los ojos?, ¿por qué lo disfracé todo de amor y de pasión?, según yo mucha intensidad y mucha aventura, la única verdad es que fui ciega a todas las señales, a su violencia, a su familia… 

Había una delgada línea que no debí cruzar, no es lo mismo aventura y pasión que delincuencia. Me importaba tanto que él no me dejara que me abandoné a mí misma, ¿por qué crucé la línea?, ¿por qué no quise ver?

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