Historias Cotidianas, Prevención

Es que ahorita no tengo

Margarita Lignan Camarena

Magda ha decidido vender sándwiches y ensaladas a domicilio, entre ella y su hijo Ricardo los preparan y él sale a vender por las mañanas, mientras su madre hace correcciones de estilo para una editorial que paga poco, pero le da trabajo constantemente, lo cual la tranquiliza.

 

Este mes ya sacó lo de la renta y los servicios, y aunque la compra del súper fue mínima, porque cada vez está todo más caro, considera que la próxima quincena podrá abastecerse un poco más, pues ya logró vender cinco pares de zapatos del catálogo, sólo es cosa de organizarse con Ricardo para ir por ellos.

 

El papá de Ricardo, Elías, perdió el trabajo otra vez, él dice que tiene muy mala suerte y que, por supuesto, le gustaría que las cosas fueran distintas, pero “qué se le va a hacer”.

 

Hace tiempo Magda y Elías se separaron y él “contribuye cuando puede” porque entre “la cosa está difícil” y “ahorita no tengo”, su hijo se convirtió en un adolescente que sabe que en realidad sólo cuenta con su mamá, lo que no le gusta mucho; él quisiera tener un papá que presumir con sus amigos, uno que lo hiciera sentir seguro y respaldado, quisiera aprender de él a ganarse la vida, que le diera consejos; pero Elías, aunque le llama, rara vez viene a visitarlo, entre el partido de fut e “ir con los cuates para ver qué sale”, casi no le da tiempo.

 

Magda se ha cansado de pelear con Elías, intentó demandarlo, pero ¿cómo obligar a un padre a que trabaje y se haga responsable?, si él siempre argumenta que busca y busca, pero no encuentra nada y cuando lo encuentra, dura poco. Eso sí, decidió que no le iba nunca a prohibir ver a su hijo, porque todo hijo necesita estar en contacto con su padre.

 

También puedes leer: El pasado, ¿quedó atrás?

 

Cuando estaban casados, ella se cansó de darle sugerencias: “si le pides al compadre que te preste el taxi”, “si hablas con Don Chucho a ver si te da trabajo en la tienda”, “si me ayudas a vender zapatos”; hasta que se dio cuenta de que no era un problema de falta de ideas, sino de falta de voluntad y sobre todo de responsabilidad, cuando una amiga le dijo:

 

— Oye Magda, ¿y tú cómo haces para tener trabajo siempre, quién te lo da?

 

— No, pues nadie amiga; ya ves que yo le busco por todos lados, si no hago una cosa, hago la otra y si no, me invento a ver qué vendo.

 

— ¿Sabes?, lo que hace Elías es violencia económica, porque te ha dejado sola con toda la carga del muchacho y de la casa con el pretexto de su mala suerte.

 

— Te juro que no sé qué más hacer. Lo que más me duele es la vergüenza que siente Ricardo, todo lo que quisiera de su padre y nunca va a tener. Me siento culpable de haberlo elegido.

 

— No, bueno, nada más eso faltaba, ¿cómo va a ser tu culpa si no tenías una bola de cristal para vislumbrar el futuro? Has sido y eres una madre maravillosa.

 

— Muchas gracias amiga, pero sé que yo no soy padre y madre como dicen, eso es una tontería, soy una madre proveedora, pero sólo madre y no puedo cubrirle a Ricardo la ausencia de Elías.

 

— Claro que no puedes, pero estás dándole un maravilloso ejemplo de cómo salir adelante cuando la vida no es perfecta, cuando no es lo que esperábamos y que siempre, siempre, son el corazón y el entusiasmo los que nos llevan a salir adelante, y sobre todo le estás enseñando que con responsabilidad se combate la “mala suerte”.

 

Cada mañana, cuando preparan las viandas para vender y Magda despide a su hijo, se siente confiada en que aunque Elías no esté, ella le está enseñando a Ricardo a ser un hombre responsable y un buen proveedor.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

¿Cómo afecta la masculinidad hegemónica a los hombres?

Desde pequeño crecí escuchando frases como: “en mi casa yo soy el que manda y da las órdenes”; “yo no lavo, no plancho ni cocino; eso lo hace mi mujer”; hasta afirmaciones como “un hombre no tiene que darle explicaciones a nadie de lo que hace” o, “yo no lloro. Llorar es de mujeres”. Desde luego que todas estas expresiones para mí eran algo muy normal y se debían efectuar sin excusa alguna.

 

Ver cómo mi abuelo y mi padre ejercían una masculinidad hegemónica, hizo que yo pensara y actuara de la misma forma que ellos cuando formé mi propia familia.

 

Cuando yo tenía 27 años, me casé con Rocío. Ambos trabajábamos y solventábamos sin problemas los gastos de la casa. Después de cada jornada, al llegar al departamento, mi esposa realizaba sola las tareas del hogar, pues mi trabajo era mucho más pesado y estresante, y terminaba sin ánimo de hacer nada. Además, como decían mi padre y mi abuelo: “eso lo hace mi mujer”.

 

Cuando nació mi hija Nayeli, Rocío dejó de trabajar para cuidar de tiempo completo a nuestra pequeña. Yo seguí con mi empleo, pero cuando llegaba a casa, el llanto de Nayeli me desesperaba bastante, así que prefería irme a jugar dominó con mis cuates.

 

Mi esposa empezó a cuestionarme que por qué no le ayudaba por las tardes a cuidar a nuestra hija, y que qué tanto hacía con mi amigos, e incluso me llegó a decir que ellos parecían más mi familia. La verdad estuve a punto de contestarle, pero recordé lo que mi abuelo y mi padre siempre decían: “un hombre no tiene que darle explicaciones a nadie de lo que hace”. Así que mejor me di la vuelta.

 

Durante varios años, continué con este tipo de expresiones y comportamientos, pese a que yo notaba como Rocío se llevaba toda la carga del cuidado de Nayeli, y las tareas del hogar, prefería mantener mis “privilegios” y dejar las cosas igual.

 

Te puede interesar: Transformar la masculinidad para prevenir la violencia

 

Nayeli creció, y llegó a la etapa de la adolescencia, ella también empezó a notar como yo no las apoyaba, ni a ella ni a su mamá, con las tareas del hogar, así que decidió platicar conmigo…

 

— Papá, ¿te has dado cuenta que mamá y yo llevamos toda la carga de las actividades en la casa?

 

— No hija. ¿A qué te refieres? (Claro que me había dado cuenta, pero traté de disimular un poco)

 

— Mamá y yo nos hacemos cargo de todo en la casa. Y además tenemos más responsabilidades que atender. Nosotras sabemos que terminas muy cansado del trabajo, pero quizás los fines de semana podrías apoyarnos un poco, para que también podamos enfocarnos en otras actividades. ¿No lo crees?

 

— Puede ser hija, pero yo trabajo para que a ustedes no les falte nada y esa debe ser mi única responsabilidad.

 

— No, pa. Nosotros agradecemos y valoramos todo el esfuerzo que haces por nosotras. Pero si comienzas a involucrarte más en las tareas de la casa, y a apoyarnos, la relación y la convivencia de nuestra familia puede fortalecerse mucho más, y por otro lado, tú puedes dejar de pensar que eres tan solo un proveedor económico de nuestra familia.

 

Aunque me costó trabajo, poco a poco comprendí que mi hija tenía razón. La relación se fortalece porque todos vivimos en la casa. Además, el trabajo del hogar ¡vaya que es pesado! Sólo así logré comprender por qué Rocío y Nayelli también tenían una gran carga y responsabilidad bajo sus hombros. Y no, no renuncié a un privilegio, adopté una actitud de equidad y responsabilidad con mi esposa y mi hija.

 

La masculinidad hegemónica no sólo afecta a las mujeres, afecta a los hombres y afecta a toda la sociedad. Los hombres deben tomar conciencia y acción, porque no nacemos con las ideas machistas o con las características de la masculinidad hegemónica, y ser parte de las actividades del hogar, no nos hace ni más, ni menos hombres.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

El hombre de la casa

Margarita Lignan Camarena

Te quiero compartir que me he preguntado muchas veces qué significa ser “El hombre de la casa”. Vivo con mi mamá y mi hermana Miriam que es mayor que yo por dos años. Cuando mi papá falleció, a causa del alcoholismo, yo tenía 8 y Miriam 10. Mi mamá se derrumbó porque en ese entonces ella no tenía trabajo fijo, hacía composturas de costura, y mi papá, 10 meses antes de morir, perdió su trabajo, por lo que tras su hospitalización y el entierro, no quedaron más ahorros.

 

Mi tía Isabel le consiguió empleo a mi mamá en una tintorería, recuerdo que en su primer día iba muy nerviosa, se despidió de nosotros y me dijo muy seria: “Enrique, ahora eres el hombre de la casa”, cuida de tu hermana. Con la gallardía de mis 8 años le devolví una mirada afirmativa, aunque por dentro me llené de miedo, pero sentí que no podía rajarme.

 

Miriam estaba de lo más enojada, una vez que se fue mi mamá, me dijo que ella no iba a obedecer ni a hacer caso a un “mocoso mucho menor que ella”, yo la verdad sentí que tenía toditita la razón, pero como lo prometí, no podía fallar.

 

Fuimos creciendo y obviamente a Miriam le llegó la adolescencia antes que a mí, mi mamá me pedía que la vigilara, que no la dejara salir con “pretendientes vagos” y yo le daba esas mismas órdenes, pero mi hermana nunca me hacía caso, para tratar de gobernarla, engrosé a fuerza de falsearla el tono de mi voz y daba de manotazos en la mesa tratando de infundirle temor para que me obedeciera, pero Miriam, tan dueña de su vida como siempre ha sido, recorrió su camino sufriendo o aceptando, según tocara, sus errores y victorias, lejana a cualquier mandato que viniera de mí. Eso de “hacerme cargo de mi hermana” sólo nos enemistó, ahora yo no le caigo bien y desde que se casó nos vemos muy poco, lo indispensable diría yo; ella piensa que soy un “macho mandón”; pero la verdad, yo nunca tuve problema ni con sus pretendientes ni con su forma de experimentar la vida; sólo no quería fallarle a mi mamá.

 

Y si crees que por haber quedado como “el hombre de la casa” mi vida fue de privilegios, te cuento que no tanto, cuando cumplí 11 tuve que empezar a trabajar en la llantera de Don Pepe, era un trabajo muy pesado y el patrón de mal carácter, por supuesto me pagaba una miseria que entregaba completita a mi madre, porque me dijo: “como hombre de la casa tienes que contribuir, yo no puedo hacerme cargo de todo”.

 

Te puede interesar: Yo a tu edad

 

No terminé mis estudios, los abandoné el primer semestre de la prepa porque a mi mamá le empezaron a dar unos dolores de cabeza muy fuertes, y ya mejor me puse a trabajar en serio para sacar los gastos.

 

Ahora que lo veo a la distancia, pienso que desde luego yo era el único varón en la casa, pero no era un hombre, era un niño, bastante asustado por cierto, por todo lo que vino a consecuencia de la enfermedad de mi padre. Siento que por hacerme cargo a tan temprana edad de cosas que no me correspondían crecí con muchas carencias, muy inseguro, muy confundido, muy poco preparado y además, como yo sentía que no cubría las expectativas, me volví malhumorado y mandón para según yo “hacerme de carácter”.

 

 

Hoy que soy adulto quiero frenarme, volver varios pasos atrás, confesar que fue injusto que siendo un niño me dieran el rol de “hombre de la casa”. Hoy quiero trabajar en mí para recuperar no sólo la relación con mi hermana, sino conmigo mismo, darme lo que me debo, como mis estudios, y dejar un mensaje para las mamás que se han quedado solas, pues comprendo lo difícil de su situación, pero me parece importante que se den cuenta de que sus hijos no son “el hombre de la casa”, no pueden serlo, no les corresponde; son sólo niños, e igual que las mujeres, necesitan guía, seguridad y protección.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

La crianza de las hijas y los hijos es una responsabilidad compartida

Jorge es el menor de 4 hermanos y será padre en unas semanas. Él junto a su pareja, han optado por brindar a su hijo una crianza compartida, en donde ambos alimenten, bañen y jueguen con el pequeño Jaime todos los días, incluso cuando ya vaya a la escuela.

 

Un domingo, Jorge les platicó a sus hermanos cuáles eran sus planes en torno a la crianza de su futuro hijo, ellos comenzaron a decirle que “dejara que su esposa se hiciera cargo del cuidado de su hijo”, que “eso le tocaba a ‘su mujer’”, “que se pusiera bien los pantalones” y que “no fuera mandilón”.

 

Estos comentarios no dejaron de dar vueltas en la cabeza de Jorge y le generaron sentimientos encontrados porque él quería participar en la crianza de su hijo, pero no quería ser juzgado y menos por su propia familia, porque esos comentarios, además de hacerlo dudar de sí mismo, lo lastimaban.

 

Te puede interesar: El amor y la seguridad ayudan a prevenir la violencia

 

Tiempo después, Jorge decidió hablar con sus hermanos sobre lo que le hacían sentir sus comentarios y les explicó por qué a él le parecían adecuados los beneficios de la crianza compartida. Después de la plática, su familia le dijo que respetaba su decisión, y aunque no compartían su modo de ver las cosas, no volvieron a molestarlo con el tema.

 

¿Sabes qué fue lo que le contó Jorge a sus hermanos?

 

Pues verás, les dijo que uno de los beneficios es que tus hijas e hijos tendrán más seguridad en sí mismos, ya que la presencia y la atención de ambos padres mejorarán su capacidad para relacionarse con los demás.

También los ayudará a que posean una buena autoestima porque tendrán un ambiente de confianza y al crecer, si tienen un problema que consideren grave, es muy probable que se acerquen primero a ti o a alguien de su entera confianza, para buscar algún consejo y pueda identificar las soluciones.

 

 

La crianza de las hijas e hijos es algo que corresponde a ambos padres, porque entre los dos se acompañan en este periodo de aprendizaje, además de que ayuda a identificar y resolver, de una mejor manera, las necesidades que tienen las y los menores.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

El amor y la seguridad ayudan a prevenir la violencia

Román y yo empezamos nuestra relación el último año de la carrera en Pedagogía. Él siempre fue cariñoso y respetuoso conmigo, y yo con él, también.

 

Cuando concluyó nuestra etapa universitaria, los primeros meses fueron complicados, pues el no estar tanto tiempo juntos como antes nos causó algunos altercados, por lo que decidimos empezar a vivir juntos.

 

A los seis meses de empezar esta nueva etapa en unión libre, llegó la noticia de que seríamos padres. Al enterarme de esto, yo brincaba de la felicidad y pensaba que mi pareja estaría igual de contento, pero no fue así.

 

Luego de enterarnos de la llegada de Sofía (mi hija), la actitud de Román comenzó a ser distinta. Empezó a estar cada vez más distante conmigo y mostraba poco interés por mi embarazo.

 

Pasaron los meses y llegó Sofía. Tenía la esperanza de que con el arribo de nuestra hija, él encontraría una motivación más para fortalecer nuestra relación y construir una familia unida, pero me equivoqué, porque cuando mi hija estaba por cumplir seis meses, Román decidió dejarnos. Él argumentó que lo que estaba viviendo con mi hija y conmigo no era lo que él quería para su vida.

 

La decisión del padre de mi hija puso mi mundo de cabeza. En un principio no comprendía cómo era posible que alguien pueda dejar a su familia de un momento a otro, pero esa fue su decisión. Pese a que exigí la pensión para Sofía, eso no es lo que me habría gustado para mi vida. Además, como madre de familia, estaba convencida que yo no iba a dejar de lado mi responsabilidad, como lo hizo Román.

 

Sofía está por cumplir ya dos años. Aunque prácticamente no tiene ningún recuerdo de Román, ella no crecerá con una mala imagen de él, porque yo no pienso hablarle mal de su padre. En efecto, aunque él no la visita, ni pregunta por ella, siempre ha cumplido con su parte legal.

 

Durante este tiempo, he tratado de transmitir todo el cariño posible a mi hija, para que desde ahora ella se sienta segura y amada, pues considero que la seguridad y el amor es lo más importante que una madre puede transmitir a sus hijos a través de la relación y la interacción que tiene con ellos.

 

 

Espero que con el ejemplo que le estoy dando a mi hija, ella aprenda prevenir la violencia y a construir relaciones sanas basadas en la responsabilidad y el respeto, no importa si son relaciones familiares, de amistad o de pareja. Todas deben estar libres de violencia.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

Tan libre como tú

Margarita Lignan Camarena

Seguro que la libertad es algo hermoso, debiera serlo, aunque a veces se complica. Yo vengo de una historia a la que no quiero llamar difícil, sino diferente, porque los personajes de mi historia eligieron caminos poco frecuentados y quizá por lo mismo, llenos de enredaderas, espinas, piedras y tropiezos, aunque seguro que también se detuvieron a descansar en algunos parajes con luz y flores.

 

Mis padres se conocieron un buen día, ellos cuentan que se enamoraron, rentaron un departamento, tuvieron una boda y después hijos; sólo que lo que siguió, no se lo esperaban. No esperaban que yo saliera tan berrinchuda, que mi hermano se atragantara con un carrito de juguete y hubiera que llevarlo al hospital, tampoco imaginaron que mi papá perdería el trabajo tantas veces, ni que mi abue tuviera que prestarnos su cuarto de azotea para vivir. Mucho menos se imaginaron que yo contagiaría a mi papá de varicela, ni que el gobierno tomaría sus escasos ahorros para rescatar grandes y desconocidos negocios oficiales.

 

Mi papá fue el primero, se sintió altamente rebasado y se fue a los Estados Unidos convencido de que allá la vida sería mejor, pero no nos llevó con él, porque según escuché tras la puerta, mientras él y mi madre discutían, él necesitaba irse ligero, “sin cargas”, sin pendientes, es decir, sin nosotros. Necesitaba urgentemente su libertad.

 

Mi mamá trató con todas sus fuerzas de sostenerse como la mujer cabal que sus padres le enseñaron a ser, pero quizá sufrió otro tipo de contagio, porque cuando raramente mi papá llegaba a llamar por teléfono, ella le gritaba “¡Yo también tengo derecho, yo quiero ser tan libre como tú!” y fue así que nos llevaron a mi hermano y a mí a vivir a casa de mi tía Martita, que sólo tenía a mi primo Juan que entonces era un pequeño bebé y hoy se ha convertido en nuestro hermano.

 

Te puede interesar: Igualito a tu padre

 

Hoy que tengo a mis propios hijos, sé bien que no todo es color de rosa, que hay momentos difíciles, incluso momentos en los que quisiera escapar a un lugar imaginario donde nadie me molesta, nadie me pide nada, nadie me reclama y no tengo cuentas que pagar.

 

Por largo tiempo me sentí de muchas formas, triste, enojada, incluso rabiosa, pero también profundamente avergonzada. En los momentos más duros negué que ellos fueran mis padres, incluso quise cambiarme el apellido por el de mi tía; la verdad es que me sentí muy lastimada, tanto, que me convertí en una víctima. Recuerdo aquella época como un lugar obscuro, lleno de dolor y desprecio por todo y por todos, en donde en realidad no me gustaba estar. 

 

 

Cambié, trabajé mucho en mí misma para convertirme en la mujer que siempre quise ser, alegre y creativa, amorosa y solidaria, paciente y positiva. Decidí ser tan libre como ellos, mis padres, libre para elegir un camino distinto al suyo. No fue inercia, yo elegí ser una mamá cercana, cariñosa, presente. Yo quise quedarme con mi familia a pesar de las adversidades; además he decidido estar contenta, cantar y bailar, sonreír, peinarme bonito y aceptar que soy digna de todo el amor del mundo, aunque ellos, mis padres no hayan podido dármelo.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

Entre mujeres, hablemos de la violencia contra las mujeres

Hace ya algunos meses que no platicaba con mis amigas Alejandra y Lorena, por lo que decidimos sostener una reunión virtual para saber qué era de nuestras vidas y reír juntas después de tanto tiempo.

 

Nuestra charla transcurría de una manera muy agradable, hasta que Alejandra nos contó que se había peleado con su novio mientras transitaban en el carro. Ella nos platicó que Jorge, su novio, bajó los seguros y comenzó a gritarle muy fuerte.

 

Después de unos minutos, Lorena nos dijo que una vez su hermano la golpeó y cuando le contó a sus papás, ellos contestaron que se dejara de inventar esas cosas.

 

Mis amigas y yo concluimos la reunión, pero mi mente seguía en la conversación que habíamos tenido. Me sentí afortunada de que yo no haya vivido alguna de las situaciones por las que ellas pasaron. Al menos esa era lo que yo pensaba y te voy a decir por qué.

 

A mi otra amiga, Juanita, siempre le cuento lo que me pasa, y no pude evitar decirle lo que ocurrió en la reunión, y ella me dijo que esas dos mujeres son parte de las 6 de cada 10 que son violentadas en México. La cifra no era lo más impactante, sino que me dijo que las distintas formas de violencia puede incluso llegar a acabar con la vida de una mujer.

 

Te puede interesar: Los hombres, necesarios para erradicar la violencia contra las mujeres

 

La escuchaba, pero no podía creer todo lo que me decía, no me parecía razón suficiente que alguien fuera privado de vivir solo por el hecho de ser mujer, bueno, ni siquiera me cabía en la cabeza que el ser mujer sea un motivo para ser golpeada, humillada, ignorada o ve tú a saber qué tantas otras cosas, y sólo porque nos han dicho que somos el género “débil”.

 

Después de eso, me pregunté a mi misma: “¿Segura que tú no has sido víctima de violencia de género?” Yo me quería seguir diciendo que no, pero recordé que una vez cuando quería dedicarme a trabajar con temas deportivos, me dijeron que mejor hablara sobre cosas más “femeninas”, que una mujer no estaba preparada para comentar cosas de hombres. Entonces me di cuenta que también en diferentes espacios de nuestra vida hay violencia de género, y no sólo es física, también puede ser emocional porque huellas emocionales difícil de superar.

 

 

Fue muy triste darme cuenta que yo también soy parte de esas mujeres violentadas en México, pero como persona joven, considero que entre nosotros está la oportunidad de ser una sociedad mejor, tratando de no hacer comentarios o chistes en los que se haga menos a la figura de la mujer o dándole la oportunidad de que hable y pueda ser escuchada, para que ya no sean más de la mitad de las mujeres del país quienes sufren violencia de género, sino que simplemente deje de existir esta forma de agresión al no permitir que se siga justificando como bromas, como que “no aguantas nada”, o peor aún, como algo normal, porque no lo es.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

Desesperación y confinamiento ¿Cómo prevenir la violencia familiar?

Estamos por cumplir casi un año desde que iniciamos el confinamiento por la pandemia de Covid 19. Al principio, fue extraño porque todo se paralizó, y eso nos obligó, a toda la familia, a estar en casa.

 

Mi papá y mis hermanos se adaptaron rápidamente a esta “nueva normalidad”: cumplen con sus horas de trabajo, y el resto de su tiempo lo ocupan en realizar las actividades del hogar que les corresponden, hacer ejercicio, leer un libro y, en ocasiones, ver series y películas. No quiero decir que mamá y yo no hagamos lo mismo, pero en ocasiones tenemos roces que nos llevan a tener varias discusiones.

 

Ella y yo realmente nos llevamos bien, pero creo que ya no aguantamos la desesperación por tanto tiempo en confinamiento. La mayoría de las veces chocamos por cosas que no tienen tanta relevancia, y al final, termino preguntándome si valió la pena discutir por eso. Te cuento un poco más…

 

Durante las últimas semanas, mamá y yo nos molestamos porque una ocupa el maquillaje o toma alguna prenda de vestir de la otra, pero por lo que más peleamos es por la distribución de las actividades en casa.

 

Sé que esta situación no solo me pasa a mi, así que decidí investigar de qué manera podría mejorar la convivencia con mi familia, en particular con mamá, y encontré estas recomendaciones que te comparto a continuación.

 

Te puede interesar: La violencia que se puede prevenir

 

  • Antes de tomar o usar algo que no es tuyo, pide a la otra persona que te lo preste. Eso ayudará a tener una comunicación y que no se molesten por esa situación, y muy importante, si te dice que no, respeta su decisión porque son sus cosas
  • Distribuye equitativamente las tareas del hogar entre los integrantes de la familia. Esto permitirá que todos se involucren por igual y puedan incluso, intercambiar actividades, por ejemplo: me tocaron los trastes, pero no me gusta lavarlos. Si quieres yo barro y saco la basura.
  • Respeta tiempos y espacios de cada uno para atender cuestiones personales. Esto ayudará a que todos atiendan adecuadamente sus actividades porque lo que hacemos todos, es igual de importante

 

 

Recuerda que mantener una buena convivencia con todos los miembros de tu familia, te ayudará a resolver los desacuerdos sin recurrir a ningún tipo de violencia.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

La violencia que viví, no la quiero para mi familia

Llegó el día que -desde hace algunos años- mis padres tanto esperaban, o al menos eso parecía por las palabras que me decían. Hoy, con 26 años recién cumplidos, dejaré el hogar en el que crecí y aprendí gran parte de los valores y comportamientos que me definen como persona.

 

Te preguntarás por qué dije “gran parte de los valores y comportamientos”, y no todos. Te cuento un poco:

 

Durante mi infancia, recuerdo que muy frecuentemente mi padre llegaba de madrugada por andar cotorreando con sus cuates, mientras que mi madre se pasaba todo el día cuidando de mi hermana menor y de mi. La mayoría de las veces, mi papá solo hacía un poco de ruido y nos despertaba, pero había algunas ocasiones que se pasaba de copas y comenzaba a gritarle a mamá, incluso llegó a jalonearla.

 

Más adelante, cuando cursaba el tercer año de secundaria, papá se quedó sin empleo. Los primeros meses no sentimos tanto el despido de mi padre, pues con el finiquito que le dieron alcanzaba para cubrir los gastos del hogar y de la escuela.

 

Pasaron más meses y mi padre no lograba encontrar trabajo. Esta situación para él era muy complicada y se notaba su intranquilidad a simple vista.

 

Por esas fechas, un nuevo ciclo escolar estaba por iniciar y mamá habló con mi padre porque había que comprar las listas de útiles de mi hermana y la mía. Al enterarse de esto, él se exalto de sobremanera y de nuevo empezaron los gritos hacia mi madre. En esta ocasión, mi padre no logró controlar sus emociones y terminó por darle una bofetada.

 

 

 

Al ver la agresión de mi papá contra mi madre, quedé en shock y por el temor de también ser golpeado corrí a mi habitación. Después de esto, papá no volvió a golpear a mamá, pero nunca dejaron de estar presentes los gritos e insultos.

 

Te puede interesar: La construcción de mi seguridad y la de mi familia también está en nuestras manos

 

Ahora que estoy por iniciar una nueva vida con mi pareja, y que nuestro plan en un futuro es formar una familia, trataré de prevenir y evitar las situaciones de violencia que viví con mis padres; y para lograrlo, creo que es necesario fomentar una relación basada en el respeto, amor y comunicación.

Leer Más →

Historias Cotidianas, Prevención

¿Cómo prevenir el fraude cibernético?

Algo que había cambiado en la vida de Alejandro fue que aumentó considerablemente sus compras en línea. Primero, con el pretexto del confinamiento y ahora, porque se había acostumbrado a este tipo de comercio.

 

La comodidad y la variedad de productos que encontraba en línea le habían llevado a convertirse en un comprador habitual, por lo que sus datos ya estaban registrados en muchas páginas y en sus dispositivos.

 

Solía utilizar la misma contraseña para todas sus cuentas y ya tenía los datos automatizados. Aunque la mayoría de sus compras se verificaban en sitios seguros, un día se sorprendió pues no recibió más notificaciones sobre la compra de unos zapatos.

 

Al día siguiente, cuando quiso realizar otra compra se dio cuenta que no podía realizarla pues no tenía fondos. Asustado, se comunicó a su banco y le informaron que, posiblemente, había sido víctima de un fraude cibernético; y le brindaron información sobre el procedimiento que debía seguir.

 

Te puede interesar: ¿Cómo comprar por internet de forma segura?

 

Es importante que, además de reportar anomalías y seguir las indicaciones del banco, consideremos las recomendaciones de la Policía Federal para combatir delitos cibernéticos:

 

  • Cambia tus contraseñas constantemente
  • No uses datos personales, ni formularios preestablecidos
  • Evita publicar información financiera o de tus cuentas en redes sociales
  • Verifica los establecimientos de tus compras en línea

En caso de ser víctima de fraude financiero o quieras realizar cualquier aclaración sobre este ámbito, acercarte a la Condusef que es la entidad encargada de defender tus derechos financieros.

Leer Más →