“Sabor a México”

Margarita Lignan Camarena

Apenas suena el “Son de la negra” y sus pies lo arrojan de donde esté sentado para buscar un espacio donde zapatear.

 

Desde que vio “Los tres García” con su abuelita, le encantó el elegante garbo de Pedro Infante con su traje de charro: el pantalón negro ajustado, la herrería de plata, los bordados, el moño; pero sobre todo, el magnífico sombrero que con tanta coquetería se sabía poner y quitar.

 

Aquel fue un México que Emilio no conoció; sin embargo, a sus 16 años, está seguro de que mucho de eso se puede rescatar. Su abue Licha le dice que así como hay tres charros del cine de oro, también hay tres valores que nunca debe olvidar, porque son llaves que abren puertas: ser acomedido, prudente y paciente, la primera vez que se los explicó, la verdad, no les entendió mucho.

 

Un jueves regresando de la escuela, intentó cantar “Ay Jalisco, no te rajes”, se paró frente a la tele con el video versión karaoke, e impostó la voz todo lo mejor que pudo, pero la verdad es que el “vibrato” le salió más parecido al del Gallo Claudio que al de Jorge Negrete; entonces decidió que mejor sería bailarín.

 

Se inscribió en la Casa de cultura a clases de baile regional, lo recibieron casi con fanfarrias, pues era raro que llegara un varón al grupo. Emilio rápidamente y con mucha destreza aprendió a hacer punteados, muelleos, giros y huachapeos, y entre vuelos de faldas de colores, un día se enamoró.

 

Hortensia le pareció chulísima, risueña, alegre, gentil; así que un día le trajo una flor, otro día un oso de peluche, luego unos chocolates y finalmente una nota que decía “¿Quieres ser mi novia?” Ella se tardó varios días en responder, pero cuando por fin lo hizo, la sorpresa de Emilio fue grande.

-Oye, pero yo tengo una duda… ¿qué no eres gay?

 

-¡¿Gay?!… ¡Wow!, no sé ni qué responderte…¿Por qué piensas eso?

 

-Mi mamá dice que todos los bailarines hombres lo son.

 

-¿Tu mamá dice eso?… Bueno, ¿y tú qué dices?

 

-Que mi mamá tiene razón.

 

Emilio tiene un hermano mayor que es ingeniero agrónomo, se llama Adrián y vive con Toño, su pareja; en cambio a Emilio siempre, siempre, le gustaron las niñas. No le cabía en la cabeza que el simple hecho de bailar pudiera poner en duda sus preferencias.

Como andaba que no lo calentaba ni el Sol, fue con su abue por un consejo.

-Es que no es justo, me dan ganas de irle a decir sus cosas a esa señora; mira, si yo fuera gay no tendría nada de malo, pero simplemente no lo soy; pareciera que si uno se dedica al arte ya va ese de cajón, pero no es un estereotipo. Ya te digo, esa señora me va a escuchar, ¿qué ella se cree que es tan perfecta o qué?, ¡le voy a gritar a la cara sus defectos, es una metiche!

-¿Recuerdas lo que te he dicho?: hay que ser acomedido, prudente y paciente; ¡esas son llaves que abren puertas mijito!, no se necesita pelear con cada persona que te encuentras para demostrar que no eres lo que piensan.

-Pero yo soy alguien sincero y no me voy a callar lo que pienso, eso sería hipocresía.

-Claro que no, eso sería prudencia, es un valor más alto aún que la sinceridad; eso de ir por la vida diciéndole sus verdades a todo mundo, puede lastimar al que no está preparado para escucharlas. No se trata de ser falso o hipócrita, sino prudente, claro que hay que decir la verdad, pero cuando es adecuado decirla, sino es mejor callar. ¿Te has fijado que a veces agredimos a los demás con el pretexto de decir verdades?

-Pue´ que tengas razón, mejor voy a ignorar a esa señora; por su culpa Hortensia no va a andar nunca conmigo.

-Entonces ten paciencia, ya reflexionará o ya llegará a tu vida otra chica que te guste y que piense diferente, una que no esté atada a las faldas y a las ideas de su mamá; para eso necesitas paciencia. Hay que entender que no por pedir las cosas se nos dan; de ese modo nomás nos desesperamos; pero ojo, paciencia no es pereza; tú trabájale, esmérate en ser una mejor persona cada día y las cosas buenas que han de llegarte, seguro llegarán.

-Lo que sí te digo abuelita, es que ahora que sea 15 de septiembre y tengamos las presentaciones de todos los bailes de las fiestas, yo no les voy a ayudar; porque eso sí, como sólo somos tres chicos, nos ponen a cargar de todo, para eso sí somos buenos ¿no?… que las luces, los vestidos; bueno… hasta tablas para el zapateado cuando hace falta.

-Tú sé acomedido siempre, ¿sabes qué significa esa palabra?, que siempre estés dispuesto a ayudar en todo lo que puedas, aunque no te lo pidan, la gente útil siempre encuentra lugar en el mundo; verás como la gente te valorará sinceramente y tú te vas a sentir mucho más satisfecho que si andas nomás de peleonero.

Lichita lo apapachó con un chocolate de metate caliente y juntos escucharon canciones viejas como aquella que dice “cariño que tú me has dado sin merecerlo, cariño que tú me has dado sin interés…”

Con el corazón medio amedrentado y la pasión por la danza dentro, los zapateados de Emilio, a pesar de que últimamente han estado desganados, han sido persistentes; cada día va a su clase de baile, aunque las chicas murmuren y sus madres le sonrían extraño. Estas semanas Emilio ha bailado enojado, triste, desganado y distraído; pero ha bailado, siempre baila, y cada vez que el ímpetu del enojo le gana, recuerda el consejo de las tres llaves de Lichita.

Él definitivamente quiere abrirse puertas, representar al México tradicional en todos lados; pero sobre todo como dice su abue, lo que más quiere es vivir orgulloso de sí mismo y contento.

¿Qué otros clichés o estereotipos  conoces en torno al arte?, ¿cómo crees que podamos liberarnos de ellos?